

Noviembre 2008
Emmanuel Jal, reconocido rapero a nivel mundial, canta a los cuatro vientos el testimonio de una infancia robada. Después de perder a su familia en Sudán y luchar en el frente de Etiopía antes de cumplir los doce años, ahora está a punto de editar su tercer disco, Warchild. Es el ejemplo de que un niño soldado puede aportar mucho más que la destrucción a la que le enseñaron.
En la actualidad, entre 300.000 y 500.000 personas menores de 18 años participan en conflictos armados de más de 35 países según la Coalición Española para acabar con la utilización de Niños y Niñas Soldado. Formada por un conjunto de organizaciones cómo Amnistía internacional o Save the Children, ésta organización trabaja para que se cumplan las normas internacionales que prohíben la utilización de niños soldado en cualquier parte del mundo, como el Protocolo Facultativo de la Convención Internacional de los Derechos del Niño (2002), que fija la edad mínima para el reclutamiento y alistamiento en los 18 años.
Paralela a la lucha legal, se encuentra el trabajo para rehabilitar a niños que ya han pasado por esta experiencia.En Lakka, Sierra Leona, un proyecto llevado a cabo por los misioneros Javerianos entre los años 1999 y 2002, consiguió rehabilitar y reinsertar en la sociedad a tres mil niños de los cuales la mayoría habían pasado casi toda su vida en la guerrilla del RUF (Frente Revolucionario Unido), liderada por Fonday Sankoh, y el ejército Sierraleonés.
Desde 1991 hasta 2002, una guerra azotó este pequeño país de menos de seis millones de habitantes, propiciada principalmente por la fiebre de los diamantes y azuzada por la nueva clase política nacida de la independencia del país africano de Gran Bretaña en 1961, y por las potencias occidentales que codiciaban los recursos naturales. Charles Taylor, guerrillero y futuro presidente Liberiano, impulsó la creación de RUF en la zona de Sierra Leona donde se encuentran los principales yacimientos de diamantes. A partir de ahí, el país fue asolado por 12 años de guerra, caracterizada por la ausencia de ideología, la crueldad contra los civiles (miles de amputaciones) y el continuo secuestros de niños y niñas para ser usados como soldados o esclavas sexuales, hasta que tuvo fin, con la intervención del Reino Unido y la ONU.
Durante la guerra, miles de niños y niñas habían sido obligados a combatir en los grupos armados después de ser secuestrados. En muchas ocasiones, al niño se le obligaba a matar a su familia y romper así todo lazo con el pasado. Viven experiencias traumáticas durante la etapa donde se forma la personalidad, donde se adquieren los valores. De este modo, la línea entre el bien y el mal se diluye y en un ambiente de violencia y miedo, los niños aprenden a hacer lo que ven. Los más pequeños realizan funciones de mantenimiento, como lavar la ropa a los oficiales o traer agua. Después seguían un itinerario. Recibían formación militar y pasaban a entrar en combate. Además de no razonar sus acciones, los niños se caracterizan por tener más arraigado el concepto de obediencia que el de miedo, siendo especialmente combativos. Según el grado de violencia que empleaban, iban ascendiendo. Eran premiados por cometer todo tipo de atrocidades..
El programa de Saint Michael de Lakka, en la península de Freetown, surge en 1999, cuando UNICEF había ofrecido unos programas de rehabilitación de niños soldado a las organizaciones que quisieran aceptarlas. Los Misioneros Javerianos acogieron el proyecto, encabezado por Chema Caballero. El viejo hotel de Saint Michel fue donado por su dueño y sirvió de centro de rehabilitación.
El proyecto consistía en desmovilizar y reinsertar al niño en la sociedad. Para eso, niño pasaba primero un tiempo en el que tenía que darse cuenta de todo lo que había vivido. Después de eso, algunos pasaban crisis muy fuertes. Más tarde el programa ofrecía a los niños la oportunidad de salir adelante proporcionándoles un futuro, ofreciéndoles medios para que pudieran ser independientes. De este modo, les facilitaban material y formación necesaria para trabajos como kioskero o taxista en las poblaciones aledañas. Al niño que rechazaba la ayuda una vez no se le volvía a ayudar, para evitar crear dependencia. La cultura local era respetada, no siendo ningún niño convertido al cristianismo.
El Misionero Javeriano Juis Pérez, que estuvo en Sierra Leona durante los años del conflicto, relata que la clave del proyecto era que a los niños se les comenzó a tratar como personas. Su opinión se tenía en cuenta, llevándose a cabo políticas tendentes a su autoorganización, siempre tutelada por los asistentes Sociales y los misioneros. Para ellos era una realidad nueva, y aprendían a colaborar con los demás. Se cuidaba mucho que nunca se les preguntara qué habían hecho. Si lo contaban era por voluntad propia.
A la hora de la reinserción, la prioridad del programa era la búsqueda de las familias de los niños. Pero en muchos casos, no sabían dónde habían sido raptados, no querían volver a la aldea o podía pasar que ésta no aceptara al niño. Entonces, se llevaba a cabo el cuidado alternativo, como ofrecer una solución habitacional a los mayores en pisos tutelados compartidos por varios de ellos, o encontrar familias de acogida para los más pequeños.
Tuvieron algunas dificultades con la población lugareña. Un sector de la misma se sentía en inferioridad de condiciones de vida con respecto a los niños en el centro. Entonces se comenzaron a llevar a cabo programas para el desarrollo local, siempre orientados por la población autóctona, conocedora de la cultura local, manteniendo un diálogo con la misma para reforzar la aceptación de los niños de cara a su reinserción.
Es muy difícil saber si el niño está realmente rehabilitado, al menos psicológicamente. Las experiencias que han vivido tienen una repercusión muy fuerte. En algunos casos experimentan regresiones. Se trata de un fenómeno en el que el exniño soldado vuelve a la selva mentalmente. Luis Pérez vivió un episodio con Abdulai, un niño recuperado, que una noche regresó portando un machete y con actitud amenazante. El misionero relata cómo estaba fuera de sí, y para manejar la situación se metió en su lógica gritando “¡Aquí el comandante soy yo!” a lo que Abdulai respondió “Yes Sir”. Después de pasar la noche calmado en un banco, volvió a la normalidad.
En la actualidad, se hace un seguimiento a los exniños soldado. Muchos de ellos son ahora trabajadores sociales en Saint Michael, como Shicka, que ahora colabora en Freetown. Otros casos son más trágicos, como el de Abubakarr Kallay, que después de casarse y conseguir llevar una vida independiente, un accidente le llevo por el camino de las drogas. El proyecto no garantizaba la recuperación completa de los niños, pero se les ofrecía una oportunidad.
Al finalizar el programa, de los más de tres mil niños y niñas que han pasado por el centro Saint Michael, el 53% han sido reunificados con su familias en la zona de Freetown, el 36% fue transferido a otros centros en sus regiones de origen para su reunificación con sus familias y el 10% tuvo que ser colocado en Cuidado Alternativo en un primer momento, reduciéndose esta cifra después de haber encontrado a las familias de muchos de ellos. Sólo el 1% abandonó el programa.
Actualmente el centro es utilizado para la acogida de refugiados de Liberia, Guinea Ecuatorial, y para gente con necesidad.
Chema Caballero está en la actualidad en Tonko Limba, una zona muy deprimida de Sierra Leona, trabajando en un proyecto dedicado al desarrollo y educación de esa zona. En su blog periódicamente actualizado, cuenta los progresos del proyecto.
La discriminación sexual, al igual que la racial, o la xenofobia generan situaciones injustas y socialmente peligrosas. El avance de Colombia en materia de derechos e igualdad para la comunidad gay...+
En Colombia el discurso antiterrorista no toma en cuenta a las comunidades que trabajan por el respeto al derecho a la vida, la dignidad humana, los derechos étnicos, territoriales y la recuperación del tejido social. ¿Por qué la resistencia pacifica en Colombia es un fenómeno invisible para muchos sectores?...+