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aprender para vivir

Aprender para vivir

Según informes de la UNESCO, el conflicto es uno de los mayores obstáculos para la educación. Estiman que más de la mitad de los mas de cien mil millones de niños que no asisten a la escuela viven en países que han sido o son escenario de conflictos armados.

Por Olvido Cero

Noviembre 2008

 

En el mundo hay trescientos mil niños soldados y alrededor de diez mil son colombianos. Es difícil establecer una cifra exacta, pero se conoce que para el año 2000, había en el país seis mil niños vinculados a las partes armadas. En tan sólo cuatro años, Colombia se convirtió, según informes de UNICEF, tercero en el mundo con mayor número de soldados con mas de trece mil y para enero de 2007, se calculó un estimado de diez mil.

La situación de los niños combatientes en colombia y en el mundo es de las más dolorosas. Los potenciales lideres, las generaciones que se están apenas desarrollando, que empiezan a crecer, lo estan haciendo entre rifles, minas antipersona y camuflados. Los niños, niñas y mujeres son la parte de la sociedad más vulnerable y por ello los más afectados a causa del conflicto. Su misma naturaleza los define como sensibles o susceptibles a situaciones de violencia y agresión y en comparación con los hombres, con menor resistencia a malos tratos, condiciones precarias y ambientes de guerra. Más que ser combatientes o guerrilleros, son entonces víctimas participando de una guerra ajena, y haciendo parte de un mundo violento insoportable.

 

Enseñando como ser niños

Solo mediante educación dirigida a los diferentes sectores de la sociedad se logra dar el giro necesario que permite que los programas de regreso a la vida civil cumplan con los objetivos que hasta ahora parecen ser utópicos deseos de paz y reconciliación nacional.

Los niños dan evidencia que su vida en la guerrilla ha cambiado su forma de pensar y su forma de comportarse. Aquellos que buscan reinsertarse y tratar de desarrollar lo que queda de su niñez o su juventud de manera pacifica y de la mano de la educación, necesitan más que su propia voluntad y un programa de desvinculación dirigido por el estado.

Según William Ospina “..Esos niños amamantados por el odio, con los que ha sido tan avara la ‘leche de la ternura’, conservan en la nuez de su ser un fondo de inocencia, de generosidad y de alegría, y merecen que una sociedad menos egoísta y menos hipócrita, sepa poner en sus manos algo mejor que el metal de los fusiles y de la metralla. Casi todos ellos lo único que anhelan es un país que les de divinidad, que les de amor, educación, trabajo y futuro”

La mayoría de niños que han ingresado a los programas del ICBF, dan evidencia de trastornos psicológicos severos que les impiden actuar o convivir como un niño cualquiera y que requieren de tiempo y ayuda profesional para sobrepasarse. Problemas para dormir, relacionar, y hablar, sentimientos de odio y venganza, intranquilidad en general, pesimismo, profundas depresiones y timidez son sólo algunos de los ejemplos. El periodista Guillermo Gonzalez escribio en el 2002 su anécdota en una casa de reinsercion infantil. “El domingo anterior, a mi visita a una casa situada en el campo, varios niños jugaban fútbol. Una fuerte patada lanzo el balón contra las cuerdas de la luz. Eran las seis de la tarde. Hubo un cortocircuito y poco después se escucho una explosión. Algunos niños salieron corriendo. Otros se tiraron al piso. Unos mas se escondieron. Otros tomaron posiciones de defensa”

La reaccion pudo haber sido incluso peor si se piensa que los niños soldados en colombia fabrican explosivos, utilizan fusiles, cuidan secuestrados, cocinan, caminan largas horas al día en las selvas densas, y tienen relaciones sexuales con adultos. La realidad que vive un niño o una niña como soldado trastorna todo su desarrollo.

La niñez y la adolescencia son dos etapas muy importantes en el crecimiento. El escenario de conflicto obstaculiza los procesos de desarrollo social y personal, como la definición de la personalidad, de la identidad sexual y social, y la adquisición de responsabilidades. Por ello es necesario no solo un proceso de desarme y alejamiento de las filas sino de sanación psicologica, de readaptación a los valores de la familia y de la sociedad.

La raiz del problema de los niños combatientes es compleja. Hay una convergencia de factores de tipo personal, familiar, cultural, socio económicos e inclusive de la propia guerra. Según Ospina, “Un país donde para millones de personas el estado no orienta, donde la familia no ama ni educa, donde la sociedad no asila ni dignifica a sus hijos, cada cierto tiempo vuelve a convertir en los ejércitos feroces en el único refugio accesible para numerosas personas. Colombia no ha aprendido a ser una patria para la mayor parte de sus hijos”.

El mundo de la milicia ha convertido a los niños en soldados disciplinados, receptores de órdenes y sobretodo de corazones duros. El reto para la sociedad que los recibe y el estado que los acoge es demostrar que hay otras realidades distintas y devolverles la inoncencia, la ilusion y las ganas de vivir. El hecho de haber sido guerrilleros no les cambia el hecho de ser niños ni la opción de crecer y desarrollarse en la sociedad civil colombiana. Se debe pensar en una agenda cooperativa donde actúe el ICBF de la mano de otras instituciones del país y organizaciones no gubernamentales (ONGs). Y por supuestos un trabajo conjunto con el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA), dedicado a capacitación laboral y programas de estudios dirigidos.

Los procesos de paz y reconciliación que no busquen reintegrar a los niños soldado se estan condenando al fracaso. De la educación de las próximas generaciones depende el porvenir de Colombia.

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