

Es evidente que el periodismo afronta una profunda crisis. Cada ves más periódicos reconocidos son vendidos a grandes empresas de intereses no informativos, o son reestructurados para ser menos explicativos y más espectaculares.
Por fortuna la era digital abre nuevos espacios. En Internet hay una nueva ventana para que el periodismo se replantee y vuelva a su labor humanística de contar buenas historias que sean espejo de realidades. El mercado es más grande y por ello más competitivo. Es una red que funciona no sólo en computadores sino en teléfonos, móviles, agendas, automóviles y muy pronto en miles de objetos más. El mundo digital pide más información, ofrece más dispositivos y necesita entonces mejores periodistas. El mundo pide a gritos que en el boom de los objetos inteligentes existan periodistas inteligentes que sean capaces de hacer lo único que la maquina no puede: interpretar, contar sólo la verdad, analizar y darle sentido a la vida.
El periodista del futuro no podrá hacer parte de una dinámica comercial de tensiones de grupos de interés y de la publicidad, sino de una informativa que le obligará a ser riguroso y creativo, descriptivo y claro, sencillo pero profundo. En pocas palabras, se deberá sólo a sus lectores y contará historias que no serán simples líneas de palabras sino textos multimedia.
Bienvenidos sean los medios digitales que sacarán al periodismo del lugar tan desafortunado en el que se encuentra, títere de grupos políticos, sesgo de realidades y falto de ética y de investigación. La nueva era multimedial y la nueva sociedad exige al periodismo un retorno a las raíces, un mayor dialogo con la audiencia. Es decir que trascienda la labor informativa y de denuncia, por una activa donde se esfuerce por comprender y asignar un sentido a la realidad. (Ver artículo: El periodismo del futuro).


