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una ultima oportunidad para chipre

Vote 2010 / OPINIÓN

Todo tiempo pasado fue peor Bookmark and Share

Por David Martínez Rueda

 

¿Que Uribe nos va a traer la salvación? ¡Que va! Dejando de lado por un momento el tema de los paramilitares, de las oleadas de congresistas investigados o procesados, de Yidis, del DAS, y todos los demás episodios escandalosos que hemos visto bajo el mandato del mesías, dejar que prospere el Estado de opinión es sumergirnos en las profundidades del oscurantismo democrático.

Colombia no se ha destacado por ser justamente la flor del progreso y la diversidad. Nos gastamos la mayor parte del siglo pasado voliando machete para consolidar la división entre godos y cachiporros, que eran finalmente las dos versiones de pensamiento político válidas y legales en el país. El frente nacional no hizo más que resolver, muy a las patadas, la división reinante, eso sí, sin poner en duda las hegemonías partidarias.

La cosa vino a mejorar por allá en el 91, cuando finalmente empezamos a descubrir que en Colombia había gente que no era católica, que no era blanca, que no era heterosexual, que no era liberal ni conservadora. Empezamos a darle permiso a los mechudos para ser mechudos, a los profesores para decir barbaridades, a las chicas para mostrar las piernas. Fue el despertar de los chiquitos, que habían quedado debajo de la alfombra de un moralismo chimbo, que con grandes esfuerzos había logrado hacerse el loco durante años para no notar que en Colombia había gente de todas las formas, tamaños y colores, y que se había consolidado una guerra civil alimentada por montañas de drogas recreativas, pero ilegales.

Evidentemente no todo mejoró, pero los mecanismos estaban creados, cuando menos sobre el papel de la democrática, participativa y pluralista carta magna. La intención era efectivamente la de garantizar que todos participáramos en las decisiones que afectaban “la vida económica, política, administrativa y cultural de la Nación”, con una simpática y poco clara combinación entre democracia representativa y democracia participativa.

Ahora, este sujeto de corazón grande, brazo armado, mano dura y pie de fuerza, anda confirmando el papel de meretriz del gobierno al que ha confinado a la hasta ahora inocente constitución, que con tanto esfuerzo había logrado mantener las piernas juntas. Con una pericia que envidiaría cualquier dentista, ha logrado introducirnos la mano dura hasta la tráquea, con la idea de que la fase siguiente y mejorada del Estado social de derecho es esta barbaridad que él ha dado en llamar Estado de opinión, que no es otra cosa que una oclocracia o gobierno de la muchedumbre, disfrazada con vestido de pepas (pa’ lo del carisma).

Reelegir un proyecto como ese sería peor que devolvernos al frente nacional. Significaría eliminar las posibilidades de participación del total de la ciudadanía, que es lo que finalmente representa una democracia, bajo el pretexto de las decisiones de la mayoría. Ahora sí que la constitución se esconda junto con los comunistas debajo de las piedras, que se meta al monte con los indios o se guarde en el closet con los homosexuales, porque el país pluriétnico y multicultural que nos prometieron quedará reducido a un inmenso Ubérrimo.

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