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Daniel Coronell, el sastrecillo valiente

Perfil

Daniel Coronell, el sastrecillo valiente Bookmark and Share

La mayoría de los colombianos reconoce en Daniel Coronell al periodista más crítico del gobierno del presidente Álvaro Uribe. Agudo como pocos, detrás del acucioso reportero se esconde un hombre de familia con conflictos cotidianos y con una humanidad tan vulnerable y elemental como la de cualquiera.

Por Jimena Zuluaga
Blog del autor

Junio de 2009

Rafael Coronell tiene dos años y medio. Llega de la guardería corriendo, feliz, buscando a su mamá y arrastrando una maleta de rueditas con forma de pingüino en la que carga una moto, un carro, un saco y una calcomanía. “¡Es que gané!” dice orgulloso de la medalla de papel dorado que cuelga de su cuello de una cinta con la bandera de Colombia. Su mamá lo recibe con besos, abrazos y cosquillas. Rafael se ríe a carcajadas mientras le pide que “vamos a comprar arena” para jugar. Le cuenta que almorzó carne, arroz y sopa, pero que no se comió el postre. Su mamá le dice que mañana se lo traiga de regalo a ella. Él abre su maletica y le muestra que mañana se lo va a traer aquí, entre la pata del pingüino.

A Raquel Coronell le ha tocado madurar mucho más rápido que a las niñas de su edad. Va a cumplir once años, y ya discute parejo de noticias con su mamá, charla con los reporteros de Noticias Uno y ha tenido que aprender a frentear que en el bus del colegio le pregunten que a su familia por qué no le gusta el presidente Uribe e incluso que le digan que van a hacer meter a su papá a la cárcel.

“Lo que más admiro de Daniel es su honestidad y su valentía. Yo lo respaldo cien por ciento, creo que lo que está haciendo es lo que tiene que hacer”, dice sin dramatismo María Cristina Uribe, esposa de Daniel Coronell desde hace 16 años, periodista y presentadora de Noticias Uno, noticiero independiente y especializado en periodismo crítico e investigativo. “Sí me hace falta estar de lleno en el periodismo y sí me gustaría volver. Pero también entiendo que ahora no puedo. Soy mamá de dos niños que me necesitan, la prioridad en este momento son ellos. Daniel ya está muy expuesto y corre muchos riesgos. Es suficiente con uno de los dos metido en esto tan difícil. No es justo con los niños. Alguien tiene que darle un poquito de normalidad a la vida, y es lo que me tocó a mi en este momento”.

Entre tanto, Daniel se enfrenta día a día a la dirección de Noticias Uno, con el poco oxígeno que le quedó al noticiero después del pleito con la Comisión Nacional de Televisión en 2002, cuando se unió con otros programadores independientes para exigir al Estado una señal de calidad para los canales públicos. Tras un largo proceso y a pesar de que la sentencia del Tribunal de Arbitramento falló a su favor, la corrupción e irregularidades del proceso fueron tales que Coronell no recibió ni un peso de la indemnización pactada y además el episodio le dejó de recuerdo un preinfarto.

Los jueves, Daniel escribe su columna en la Revista Semana que, en las últimas semanas en particular, ha puesto a opinar a medio país sobre la denuncia de los vínculos de los hijos del presidente Uribe con la Zona Franca de Occidente en Mosquera, Cundinamarca. Han sido días de buen ánimo en el noticiero, cuentan sus reporteros. Eso lo saben porque Daniel ríe a carcajadas y canta música llanera mientras supervisa la edición de una nota, dicta los libretos o hace la continuidad de la emisión con Ignacio Gómez, subdirector del noticiero y su fiel compañero en las investigaciones más delicadas.

Coronell es periodista de la Universidad Externado de Colombia, de Bogotá. Después de graduarse, consiguió una beca para estudiar dirección de televisión en Suiza. Al regreso, uno de sus profesores del Externado, Ignacio Greiffenstein, lo llevó a trabajar en el Noticiero de las Siete y una vez entró a la televisión, no volvió a salir. De la mano de quien considera su gran maestro en el periodismo, Heriberto Fiorillo, pasó al Noticiero del Medio Día y poco después, a los veintitantos, ya era jefe de redacción del Noticiero Nacional. Javier Ayala, director del noticiero en ese entonces, recuerda a un joven reportero juicioso, de espíritu crítico, con una profunda convicción del deber ser del periodista, “de investigar, de mostrar y sacar la verdad, de no tragar entero”. De esa época Daniel conserva la memoria de su mejor chiva: sacar a la luz pública la noticia de Yair Klein, el mercenario israelí que entrenó a los ejércitos paramilitares de los narcotraficantes en el Magdalena Medio. Estas imágenes serían la punta del ovillo de lo que poco después fue el horror paramilitar en el Urabá antioqueño y que se extendió al resto del país. Hoy Klein está pedido en extradición por Colombia al gobierno ruso, donde fue capturado en 2007.

En 1991, además de reportero, Coronell se convirtió en empresario. Se unió al proyecto de Guillermo “La Chiva” Cortés, la programadora NTC, que empezó con un noticiero al medio día los sábados y domingos y amplió su franja informativa hasta tener emisiones los siete días de la semana. Hoy emite Noticias Uno los fines de semana.

En torno de la televisión gira su vida de miércoles a domingo. Sin embargo, los lunes y martes, que son su remedo de fin de semana, tampoco se aleja mucho de ella. Daniel y Maria Cristina disfrutan, como cualquier familia, el plan de ver series y películas comiendo crispetas. “Ahora estoy viendo ‘24’ y ‘Prision Break’, y tengo listas las dos primeras temporadas de ‘Lost’. Claro que soy un televidente jartísimo, solo me aguanta mi mujer, que ya me tiene paciencia. Porque paro mil veces, devuelvo, miro cómo está hecho el plano, cómo editaron la escena… Yo me imagino que soy como un sastre examinando un vestido cosido por otro”.

Daniel rehúye los eventos sociales, tiene pocos amigos y disfruta más que nada pasar tiempo en casa con sus hijos. “Es el papá más contemplador, no los ha regañado ni una vez. Eso me toca es a mí. Me deben ver a mí la mamá fiera y al papá el más divino. Para Raquel es su ídolo. No hay Superman que valga, solo Daniel. Y Rafa pues también es derretido por su papá”, dice su esposa.

Cuenta su mamá que cuando Daniel era niño vivía muerto de risa a toda hora. Pero ahora, Daniel creció y su vida ya no es para risas. En 2002 fue amenazado por primera vez, en 2004 sucedió de nuevo y a mediados de 2005 vino una nueva serie de anónimos. En su afán de reportero investigador, Coronell descubrió que varios de los correos electrónicos amenazantes venían del computador del ex congresista Carlos Náder Simmonds, hacendado de Córdoba que estuvo preso por narcotráfico. Sus pesquisas lo llevaron a concluir que Guillermo Ángel, presunto narcotraficante antioqueño, se había convertido en su enemigo y era quien estaba detrás de todo el plan para hacerle daño a su familia. Todo porque semanas atrás, Noticias Uno había emitido una nota de denuncia señalando que Juan Gonzalo Ángel –hermano de Guillermo- había orquestado una serie de maniobras irregulares para hacer elegir a Fernando Álvarez como comisionado de televisión.

Las amenazas se centraron en su hija Raquel, de entonces seis años. Un domingo, día de emisión del noticiero, una voz le anunció al otro lado del teléfono: “Después de que le hagamos lo que todos le queremos hacer, se la vamos a devolver muerta y en pedacitos”. Pocos días, dos coronas mortuorias y varios correos anónimos después, Daniel le diría a su colega Yamid Amat entre sollozos y con el corazón de padre en la mano: “Por ahora, lo único que me importa es la vida de mi hija. No encuentro otra forma de ponerla a salvo que irme. Prefiero irme antes que callarme”. Y efectivamente, a los dos días, se fue.

“El exilio fue muy difícil”, recuerda su amigo Juan Pablo Estrada. “Ellos llegaron a una casita chiquitica, era como un cuarto y medio, en Palo Alto, California. La gente inventa que él estaba fresco allá, desde la comodidad de San Francisco, pero la verdad es que era muy berraco, el exilio es el exilio”.

En California, Raquel descubrió que las ventanas de los carros se podían bajar. Pasar su corta vida entre camionetas blindadas la había privado de ese hallazgo elemental. A Daniel le duró la paranoia casi un año. “Miraba por el espejo retrovisor del carro pensando que todo el tiempo me seguían. Y cuando empecé a ir a la universidad en bicicleta, no lo podía creer”.

Estuvo dos años como estudiante, profesor e investigador de las universidades de Stanford y Berkeley. A mediados de 2007, el instinto de reportero se impuso de nuevo. “Ni Maria Cristina ni yo podemos vivir sin el periodismo, por eso decidimos regresar”.

“Para él lo más importante son sus hijos, su esposa, su familia. Pero también su noticiero. Cuando llegó, nos dijo que él no nos podría dejar aquí solos, que había regresado por su gente”, dice Angélica Rodríguez, secretaria de Coronell desde hace cinco años. Y es que el equipo de Noticias Uno, dice orgullosamente Carlos Cárdenas, uno de los reporteros que lo acompaña desde 1993, es el más viejo de todos los noticieros. “Llevamos 15 años trabajando juntos y eso no es común de ver”.

En octubre, Daniel Coronell cumplirá 45 años. Lleva más de 25 como periodista y aunque llegó al oficio por accidente, pues su padre quería que fuera médico, hoy no puede imaginar su vida de otra manera. Mientras reacomoda varias de las carpetas y papeles de su gigantesco escritorio tapizado de torres de documentos, dice sonriente: “A mi me encanta ser periodista, a pesar de los días difíciles. A pesar de todo lo que ha pasado, no elegiría otro camino”.

Rafael Coronell entra corriendo a su cuarto y mientras yo reparo en los muñecos de Plaza Sésamo, él va directo a su canasta de libros. Saca varios y se queda con el que le regaló su papá ayer: “El Sastrecillo Valiente”, leo en la portada. Miro a Rafael y pienso en Daniel, el valiente reportero que ve televisión con complejo de sastre.

 

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