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Por Olvido Cero
Marzo 2010
Desde hace ocho años los argentinos conmemoran el día nacional de la memoria. Lo hacen el día 24 de marzo, la misma fecha en que en 1976, las fuerzas armadas lideradas por Jorge R Videla, Emilio E. Massera y Orlando R. Agosti depusieron el gobierno de María Estela Martínez de Perón y dieron inicio a la última y más sangrienta dictadura militar que enfrentó este país. Desde el 2002 recuerdan el día en que el estado, garante de los derechos de sus ciudadanos, se convirtió en su principal violador. Cuando Argentina fue gobernada por un régimen de opresión, violencia y censura que dejó un saldo de treinta mil personas desaparecidas, cerca de diez mil políticos detenidos, quince mil reos fusilados, cerca de quinientos niños robados y otros cientos de ciudadanos exiliados.
Recuerdan aquella madrugada en que la presidenta fue arrestada y empezó el mal llamado “proceso de reorganización nacional” que estableció la pena de muerte, suspendió las libertades ciudadanas, disolvió al Congreso y la Corte Suprema de Justicia, intervino los sindicatos obreros y las universidades, y creó un órgano de censura para todo tipo de medio de comunicación.
Cada año hacen marchas, representaciones teatrales y disponen espacios para que los argentinos reflexionen sobre su historia reciente, asuman los rezagos de una patria dolida y propongan las bases del futuro. Es un día para la fortalecer la memoria colectiva de una nación que no puede olvidar sus épocas más oscuras, por que como dijo León Gieco “La memoria estalla hasta vencer a los pueblos que la aplastan y que no la dejan ser libre como el viento. (...) Todo está escondido en la memoria, refugio de la vida y de la historia.”
Es más que evidente que la fecha es a su vez una herramienta contra la impunidad. La oficial conmemoración hace un llamado para que los crímenes y los desaparecidos así como sus verdugos no sean olvidados. Que se camine en el esclarecimiento y en la justicia, base de la reparación de la sociedad.
Esto sucede en Argentina al tiempo que en Colombia retrocedemos en reconciliación, convertimos exguerrilleros en garantes de paz y no somos capaces de darle a las madres de secuestrados ni los restos de sus hijos. Cuando el débil sistema judicial no es capaz de asegurar la no impunidad, la sociedad parece disgustarle recordar o expresarse y no hay respeto por los derechos humanos ni siquiera en las mismas instituciones del gobierno. Colombia se jacta de no haber tenido una dictadura similar a la argentina o la chilena, pero debería avergonzarse de llevar más de cincuenta años estancada en un periodo, que con otro nombre, es tan cruel y violento como el de aquellas épocas negras del cono sur y que al contrario que esos países no hace nada por la memoria, la verdad y la justicia.