

Por Olvido Cero
Septiembre 2009
La piedra de la chaquira, esculpida por los indígenas de San Agustín, en la cima de una montaña, esta desapareciendo. Esta imagen de ojos exaltados, enorme cabeza y brazos hacia arriba, que mira asombrada la majestuosidad de la cordillera, es pisoteada por quienes la visitan. No sólo por que se encaraman sobre ella, sino por que dejan la basura de las cervezas y las colillas de los cigarrillos a su alrededor.
La cultura San Agustín es tal vez la más antigua de Colombia y la menos valorada. Las carreteras para el acceso están en estado lamentable, en el parque arqueológico no hay indicaciones ni explicaciones sobre las esculturas, hay piedras olvidadas en la mitad de los campos, sin seguridad contra las personas, los animales y la misma erosión de la naturaleza.
Para llegar a la Chaquira por ejemplo, las escaleras de acceso se las están comiendo la montaña. El cemento está craqueado y la vegetación le ganó la batalla por el espacio. La espiritualidad del lugar se desvanece entre los peligros de caminar por los senderos destruidos y por entre la gente que pisa las piedras esculpidas sin darse cuenta que pisa su historia y su identidad.
En el siglo V a.c., un grupo de indígenas escogió ese lugar para tallar unas imágenes estáticas que inmortalizaran sus creencias. Al contrario de las estatuillas típicas de San Agustín, estas figuras no son extraíbles, no decoran un templo, ni son para una tumba. Quien las hizo, decoró un paisaje andino espectacular. Puso a la chaquira a contemplar la belleza de las montañas.
Hasta hace menos de diez años las tierras cercanas a la Chaquira le pertenecían a un campesino. El estado se había encargado de poner un aviso para los visitantes, un ruta para llegar hasta la piedra, pero no en comprar aquellas tierras para establecerla como zona arqueológica.
En 1998, Phillipe, un suizo errante, atrapado por la magia agustiniana, pagó menos de cien millones de pesos por los terrenos que hasta el momento no habían despertado interés en nadie. Hoy es dueño de más de 7 hectáreas de tierra, construyó su casa, y dos más, y planea en hacer un resguardo ecológico y turístico privado. Es dueño de las tierras, excepto de la piedra de la Chaquira como tal, patrimonio de Colombia. Le pertenecen las demás piedras también talladas, un pedazo de la montaña que las sostiene y los lotes de acceso a la zona.