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El terremoto que viene Bookmark and Share

Por Ramiro López Aguirre

Abril 2009


El 4 de febrero de 1975 unos sismólogos chinos lograron lo que, en ese momento, supuso uno de los mayores avances de la ciencia: mediante observaciones instrumentales y del comportamiento de algunos animales, pronosticaron con una anticipación de cuatro horas, un sismo de magnitud 7.3 grados en la escala de Richter que azotó la ciudad de Haicheng, logrando con ello salvar muchas vidas.

Sólo tuvo que transcurrir un año para que se demostrara que el pronóstico fue únicamente una fortuita coincidencia. El 27 de agosto de 1976, en la zona de Thanshan en el noreste de China, ocurrió el sismo que tal vez ha cobrado más vidas en la historia. Más de 655 mil personas muertas y alrededor de 800 mil heridos, sin que nadie pudiera advertirlo con antelación.

Hasta el momento los avances científicos no han logrado encontrar forma alguna de pronosticar o predecir el momento exacto o el lugar preciso donde se desatará un movimiento telúrico, pero lo que sí pueden hacer es analizar las rupturas en las placas tectónicas para con ello saber cuáles son los lugares más propensos a recibir los impactos de los sismos y pronosticar la posible magnitud del evento, y así crear medidas de prevención e información para las poblaciones que pudiesen ser afectadas.

¡Está temblando!

Según el Servicio Sismológico Nacional, “un sismo es un rompimiento abrupto de las rocas en el interior de la Tierra. Esta liberación repentina de energía se propaga en forma de ondas que provocan el movimiento del terreno.”

Dicha propagación de energía liberada se da porque la capa más superficial de la Tierra, llamada Litósfera, está fraccionada en lo que conocemos como Tectónica de Placas. En total existen 15 placas tectónicas que están en constante roce unas con otras. Cuando se vence la fricción o la sobre posición de dos placas adyacentes, se produce una ruptura violenta y con ello la liberación de energía acumulada.

La Brecha de Guerrero. El terremoto que viene

Actualmente muchos científicos de todo el mundo han enfocado sus investigaciones a la llamada Brecha de Guerrero que se extiende más o menos entre las ciudades de Acapulco y Zihuatanejo, en el estado de Guerrero, un segmento de 230 kilómetros y donde colindan las placas de Cocos y de Norteamérica.

En México, el Instituto de Geofísica de la UNAM, donde se encuentra el Servicio Sismológico Nacional (SSN), es el que ha puesto especial interés en la zona. El investigador del Departamento de Sismología y jefe del SSN, Carlos Valdés González, explica que la preocupación por investigar dicha zona se debe “a que entre 1899 y 1911 ocurrieron cuatro sismos con magnitudes entre 7.5 y 7.7 grados, y desde 1911 no ha ocurrido un sismo importante (aproximadamente de magnitud 7.6). Esto sugiere que en esa zona, conocida como la Brecha Sísmica de Guerrero, ya ha pasado suficiente tiempo para acumular energía y generar un temblor importante”.

Los científicos no han logrado ponerse de acuerdo en los periodos de recurrencia de sismos en la Brecha de Guerrero como asegura el Doctor Valdés; “podríamos estar muy cerca del sismo o faltar aún 30 años. No hay elementos para decir uno u otro caso.” Así mismo, el científico afirma que se espera que el evento tenga una magnitud de entre 7.5 y 7.7 y que no hay elementos contundentes para establecer que sea un sismo semejante al de 1985.

Sin embargo, el gobierno del estado de Guerrero, alerta a la población a través de su página de internet y asegura que, “de acuerdo al tiempo transcurrido, se espera un sismo máximo a 8.4 grados”, lo que representa un evento superior al ocurrido en 1985 que fue de 8.1 grados Richter, cuyo epicentro se localizó en las costas de Michoacán.

¿Qué se ha hecho al respecto?

La preocupación se vuelve mayor toda vez que, a pesar de que en México existen diversas rupturas geológicas que suponen una gran actividad sísmica, no ha existido ningún movimiento telúrico de al menos 8 grados desde la mañana del 19 de septiembre de 1985 donde, sólo en la Ciudad de México, se cayeron 371 edificios, además de las cifras oficiales que señalaron 10 mil víctimas, pero que extraoficialmente asciende a al menos 30 mil.

Además, en lo que va de la década únicamente han ocurrido dos eventos mayores de 7 grados Richter, el último de ellos el 21 de enero de 2003, en las costas de Colima, con una intensidad de 7.6 grados.

El gobierno mexicano ha adoptado algunas medidas que buscan reducir las pérdidas materiales y humanas en caso de un siniestro. En 1986, entró en vigor un nuevo reglamento de construcciones para la Ciudad de México que incluyó criterios muy severos de seguridad, pero se ha trabajado poco en el reforzamiento de las edificaciones anteriores a ese año.

A partir del siniestro del 85, surge de igual forma el Sistema Nacional de Protección Civil, que ha venido creciendo cada año y que fortalece la prevención ante desastres.

También, desde agosto de 1991, opera de manera continua el Sistema de Alarma Sísmica “que emite avisos anticipados de alerta sísmica a la Ciudad de México, en caso de ocurrir temblores en la región cubierta por las estaciones sensoras en Guerrero”, como se explica en la página del Centro de Instrumentación y Registro Sísmico.

El principio que rige la alarma sísmica es que la velocidad de las ondas de radio por medio de las cuales se transmite la alarma, es más rápida que las ondas sísmicas, dando aviso a los Valles de México y Toluca, 60 segundos antes que se empiece a sentir el temblor.

Incluso algunas de las medidas que se han tomado, han servido de ejemplo para otros países que también sufren los estragos de las fallas geológicas. Un ejemplo de ello fueron las declaraciones que hizo el doctor George W. Housner, del Instituto Tecnológico de California, en Pasadena, Estados Unidos, años más tarde del sismo del 85 cuando aseguró que "el terremoto de México va a servir para salvar muchas vidas en Los Ángeles, California".

Sin embargo es difícil precisar si las medidas que se han adoptado son suficientes ya que el mal de la Ciudad de México es de origen. Buena parte de ella “está asentada sobre lo que era el gran lago de Texcoco, por lo que hay sedimentos blandos bajo las edificaciones, y éstos se comportan como gelatina, amplificando y alargando los efectos de un sismo importante”, explica el doctor Carlos Valdés.

Es ilógico pensar que los daños causados por un sismo de gran magnitud se darán únicamente en el Distrito Federal y área conurbada. Las acciones que se han tomado no han sido similares en poblaciones menores que se encuentran entre las zonas vulnerables.

Otro evento causado por los terremotos es el fenómeno de los tsunamis. Poco se ha trabajado al respecto en los Estados costeros.

“El recordar nos fortalece”

“Somos una sociedad joven, cerca del 30% de la población actual no había nacido (cuando ocurrió el terremoto de 1985) y los viejos, después de 23 años, vemos al sismo lejos y extraños. También es comprensible que una experiencia tan amarga, se trate de olvidar, pero en este caso el recordar nos fortalece”, resaltó Valdés González.

Año con año se realiza un simulacro que conmemora el sismo de 1985. El 19 de septiembre de 2008 se llevó a cabo el último con una participación de 4 millones 378 mil personas que desalojaron 11 mil 354 inmuebles tanto del sector público como privado, según datos que en su momento proporcionó el secretario de Protección Civil del Distrito Federal, Elías Miguel Moreno Brizuela.

Las instituciones educativas, son orientadas por el Sistema Nacional de Protección Civil mediante la Secretaría de Educación Pública, para la actualización en la información que se le debe hacer llegar a los estudiantes, así como asesoría en la realización de simulacros.

Al parecer al menos desde el punto de vista de la información y la tecnología, las cosas funcionan para aminorar riesgos. Sin embargo, es importante que los gobiernos de los Estados más vulnerables, así como el gobierno Federal, incrementen los recursos para la difusión y orientación sobre qué hacer en casos de sismos, así como aumentar la cobertura del Sistema de Alarma Sísmica para que avise sobre temblores cuyo epicentro se dé fuera del margen de la Costa de Guerrero.

Es imperativo que tengamos presente qué hacer, ya que el riesgo de un gran sismo está latente y podría ser en cualquier momento. El doctor Carlos Valdés González, sentencia que “socialmente, necesitamos más participación como individuos, como familias, como grupos de trabajo, sociedad y autoridades. Debemos aprovechar los recordatorios que nos da la Tierra, como es el caso del sismo de China del año pasado. Los desastres ocurren, cuando empezamos a olvidar el último desastre que ocurrió”.

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