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El culpable de la crisis del periodismo no es el mundo. Contrario a lo que dice García Márquez, el reto al que nos enfrentamos no es reinventar el mundo, sino reinventar el periodismo.

Por María Paula Martínez Concha

Abril de 2009

El periodismo observa, explica e interpreta la realidad. Sea la realidad que sea. Si en este momento la realidad es un mundo globalizado, de tensiones y de mayor acceso a la información, el periodismo, como todos los demás oficios, no tiene otra opción que adaptarse. Ello no quiere decir sublevarse, autocensurarse o venderse, sino simplemente continuar ejerciendo su labor informativa e interpretativa de los escenarios de la cotidianidad.

Es difícil pelear contra la globalización de la información y contra las nuevas formas de comunicación. Tal vez, ni el periodista ni el periodismo cambiarán el mundo. Tal vez por que la labor del periodismo no es cambiar la realidad, sino brindar herramientas, ser el espejo o el lente del caos diario y asi armar al hombre con argumentos, con criterio, con conocimiento.

El mundo mediático se reinventa cada día. No es algo nuevo, ni es una meta propuesta. Es un hecho irreversible, ajeno al periodismo. Tampoco es sólo a causa de Internet. El progreso técnico es alimentado por una serie de cambios sociales. Ahora la gente lee más, viaja más, se informa más. Hay una mayor presión de las opiniones públicas, hay mayor necesidad de estar informado y entonces hay mayores herramientas para hacerlo. Se convierte en un círculo vicioso donde cada vez hay más información, mayores receptores y mayores medios.

¿Si hay mayor demanda de transformar la información en conocimiento, por que está el periodismo en crisis? Es este el verdadero cuestionamiento. La sociedad de hoy, cambiante y tecnológica, está pidiendo a gritos la presencia del buen periodismo. Lastima que no lo encuentre.

Pareciera que el mundo se trasformó y el periodismo no se dio cuenta. Los supuestos de libertad, independencia, lealtad a la verdad y a los lectores, el poder de guiar y de educar, que teóricamente explican al periodismo, se quedaron atrás, en el olvido. Ahora el periodismo es lejano a la gente, leal a intereses propios o privados y busca publicitar, alienar y engañar.

Los retos de la nueva era consisten en tomar las bases clásicas del periodismo y adaptarlas a la nueva sociedad multi mediática. Una vez recupere su carácter independiente y su lealtad a la verdad, debe recoger los nuevos cambios, las nuevas tendencias informativas, y usarlas para transformar el gran mercado de la información en conocimiento, lo que permitará que los ciudadanos tomen decisiones con libertad.

Claro está que aquello no es, ni será fácil. El periodismo se enfrenta también a unas agendas sociales cada vez más penetradas por intereses económicos, políticos y propagandísticos. A una creciente privatización de los público y a la pérdida de su tesoro más preciado: su credibilidad y su confianza.


Gabo esta presenciando desde hace años la transformación del mundo, pero difícilmente será testigo de la transformación del periodismo.

 

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