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Buritaca, una familia musical en construccion

La sociedad en el límite Colombia-Ecuador (2) Bookmark and Share

 

Por Olvido Cero - ver primera parte: glifosato en el límite Colombia-Ecuador (1)
Mayo 2009

Las realidades trasfronterizas, así como las locales se han modificado y lo siguen haciendo dentro del marco del ahora llamado Plan Patriota y el conflicto armado colombiano. La puesta en marcha del Plan Colombia dio lugar a una militarización de la zona, que ha llegado incluso hasta tierras ecuatorianas. Según los datos recogidos por el CIF, entre enero del 2001 y marzo del 2005, se produjeron más de diez pasos de frontera en misiones antiguerrilla o de fumigación. Lo más destacados son el ocurrido entre abril y mayo del 2002, en Puerto Nuevo, en el que el ejército colombiano disparó sobre el río, obligando a botes y pobladores a resguardarse y el de septiembre del mismo año, cuando las avionetas de fumigación sobrepasaron 7 kilómetros en Ecuador, volando sobre una escuela de niños. A estos, se suma el ocurrido el primero de Marzo de 2008, cuando el campamento de Raúl Reyes, ubicado en la población de Angostura, fue abatido por fuerzas aéreas y terrestres del ejército colombiano.

La situación de los ríos es similar. De acuerdo al articulo “Así es el cerco a las FARC” publicado el 18 de marzo del 2008 por Ana María Saavedra, enviada especial del diario El País; en el Río Putumayo comandan la nodriza y sus cuatro pirañas. La nodriza, un tanque de guerra flotante, viaja a 18 kilómetros por hora, pero equipada con cuatro ametralladoras M-60, tres punto 50 y un lanzagranadas. Las cuatro acompañantes son más rápidas, y están dotadas con una ametralladora punto 50 en la parte delantera y dos más M-60.

A nivel social, la migración tanto interna como trasfronteriza, ha ejercido presión sobre los sistemas de salud y educación, que siendo muy frágiles, dejan cada año a muchas familias, locales y migrantes, sin acceso a servicios básicos. Los espacios de trabajo, como el cultivo de palma en Sucumbíos, han sido ocupados por desplazados sin documentos, que reciben malas condiciones laborales. Y esa misma falta de oportunidades, aumentó entonces las actividades ilegales como la delincuencia y la prostitución.

En el sector educativo, el informe de la Comisión Internacional de Verificación de la Frontera de Ecuador y Colombia (2005), expuso que en Sucumbíos se produjo el cierre de trece escuelas, una alta deserción escolar y tras el asesinato del maestro Walter Sosa y su esposa embarazada, que acusados de guerrilleros, fueron transportados a Colombia y cortados con motosierra; una disminución del cuerpo profesional, que por miedo a su seguridad, se niega a trabajar en la zona.

De todas, las consecuencias las de la salud son, sin duda, las más graves. Según datos del CIR, los niveles de desnutrición se han elevado como consecuencia de la improductividad de las tierras y el ganado. Las fumigaciones afectan los cultivos de ciclo corto y la calidad de la tierra disminuye, al punto que, años después de las primeras fumigaciones, no se puede producir la misma cantidad de plátanos, guineos, yucas o hierbas aromáticas. En el ganado, gallinas y cerdos, se registraron grandes mortalidades e inclusive malformaciones y abortos. A nivel tóxico, los investigadores adviertieron que las consecuencias más graves pueden ser visibles a largo plazo, pero durante el tiempo mismo de las fumigaciones la población sufre de problemas respiratorios, oculares, digestivos y cutáneos. En Sucumbíos, por ejemplo, se reportaron doce muertes, y en Yamuro, cinco malformaciones congénitas asociadas a fumigaciones previas, y un aumento de abortos y nacimientos prematuros.

Alternativas de cultivo

Las contradicciones entre las políticas y las realidades del Putumayo hacen que los problemas económicos, sociales y de salud, difícilmente lleguen a resolverse en el corto, o mediano plazo. Mientras no se concluya un verdadero proyecto de nación y las oportunidades económicas de sus pobladores continúen siendo tan limitadas, la producción de coca seguirá representando la principal o única forma de ingresos y las fumigaciones no harán sino renacer nuevos campos lejanos que sigan nutriendo el conflicto.

Existen actualmente organizaciones que proponen reemplazar los cultivos ilícitos, por otros productos que sean sostenibles para el comercio y el abastecimiento. La Red de Acción en Plaguicidas y sus alternativas para América Latina (RAP-Al) “Fomenta alternativas viables para el desarrollo de una agricultura, socialmente justa, ecológicamente sustentable y económicamente viable, que permita alcanzar la soberanía alimentaria de los pueblos. Asimismo objeta los cultivos transgénicos porque atentan contra la salud y la diversidad biológica”.

RAP-Al desarrolla informes sobre situaciones medioambientales relacionadas a la agricultura y propone métodos orgánicos en respuesta. Reconoce que no sólo el glifosato, sino la mayoría de herbicidas y pesticidas utilizados para erradicar plagas o cultivos ilícitos, son dañinos para el ser humano, otros organismos y el medio ambiente, y plantea el uso de plantas y materia orgánica, que sirvan para preservar y aumentar la calidad de los suelos. Además, reitera la necesidad de la acción de los gobiernos, como impulsadores de políticas que permitan la sostenibilidad, proporcionen la posibilidad de trasporte y comercialización de productos y eviten las fumigaciones.
Con objetivos similares trabaja el Fondo Nacional de Desarrollo agrícola (FIDA), que apoyó con 15 millones de dólares, al Programa de Oportunidades Rurales del Ministerio de Agricultura de Colombia, y desarrolla actualmente nuevas estrategias con el gobierno nacional. El mes de abril de 2008 abrió sus oficinas en Bogotá con el objetivo de desarrollar proyectos agrícolas en las zonas más pobres de Colombia, Bolivia y Perú. Para ello fomenta procesos de identidad rural, impulsa a la creación de microempresas y a la inversión de capital por parte de empresas privadas.

En conclusión, como son de heterogéneas las realidades de los pobladores, así mismo lo son las soluciones a su problemática. Los campesinos e indígenas colombianos y ecuatorianos, los militares, los guerrilleros y los paramilitares se enfrentan en una batalla por sobrevivir, en medio de la coca, el Round-Up, el petróleo, la palma, los ríos y la selva. No se conoce cuanto más dure este conflicto, ni como va a solucionarse, pero la experiencia y la historia si han hecho saber, que las soluciones que no se empapen de todas estas realidades y entiendan la crisis desde sus raíces sociales, no pondrán verdadero fin a los problemas.

Puede que las peores consecuencias de las fumigaciones aún no sean visibles. Las transformaciones en estas tierras colindantes traerán para las próximas generaciones otras realidades, quizas más lejos de la coca, pero en medio de los tóxicos, talvez la selva del Putumayo ya no sea el hotspot que fue, y la línea con Ecuador sea una línea impenetrable.

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