

Perfil
Ser quien revela las últimas noticias de la guerra en Colombia no es meritorio pero si imprescindible. Jorge Enrique Botero, el periodista que destapó el proceso 8000, el escándanlo más grande sobre la presencia dinero de narcotráfico en la campaña del presidente Samper en 1994, se ha encargado de ser el revelador de la compleja realidad que viven guerrilleros y secuestrados y por eso lo tildan de traidor, vendido y terrorista.
Mayo de 2009
Botero fue el primero en ver a 261 soldados y policías secuestrados, pasar sus días encerrados entre alambres de púas. Fue una sacudida emocional. El dolor del cautiverio era tan grande como el del olvido y haber llegado hasta la puerta de las jaulas sería el inicio de una encrucijada por narrar historias de la selva.
Cuando llegó a Bogotá, después de once días de reportaje en Caquetá, tenía unas imágenes absolutamente desgarradoras y la cabeza en ebullición constante. Ante ello Ricardo Alarcón, el presidente del naciente canal Caracol, le dijo “El material no se puede emitir”.
Según Botero a la angustia, se sumó el desconcierto, la indignación y la rabia. Había logrado lo que consideraba el reportaje más esperado de su carrera y no sería publicado.
“El verde mal del olvido” como se llamó, salió solo en fragmentos, fue modificado por la Comisión Nacional de Televisión y entre la chiva y la censura se terminó diciendo que lo había hecho por encargo de las Farc.
Para entonces Botero llevaba diez años de haber regresado a Colombia y cinco años de buena fama. Sus primeras experiencias como Comunicador Social de la Universidad Externado de Bogotá fue en la Agencia Prensa Latina en Cuba donde trabajó hasta 1991.
En 1994 de nuevo en Bogotá, trabajando para el noticiero AM PM, Botero tumbó al ministro de defensa Fernando Botero Zea y destapó una de las ollas más podridas de la política colombiana, llamado el proceso 8000. En días anteriores, Santiago Medina, tesorero de la campaña, había admitido que el presidente estaba al tanto de la entrada del dinero sucio y en respuesta el Ministro de Defensa y Horacio Serpa, entonces ministro de interior, dieron una rueda de prensa para desmentir la versión. Botero les preguntó cómo habían obtenido la indagatoria de Medina, si era parte de la reserva del sumario de la Fiscalía y eso bastó para que ambos balbucearán, y para que Fernando Botero renunciara un día después.
Así le llegó la fama. En el año 2000, tras haber sido director de comunicación del Ministerio de Cultura, y subdirector de Noticias de la noche, le propusieron montar el programa de reportajes para el canal Caracol, del que saldría despedido, con enemigos e indignado.
Para entonces Botero tenia 47 años. Había nacido en 1956, el mismo año en que el Che Guevara y Fidel Castro habían desembarcado en Cuba y habían iniciado la revolución. Era también el final de la dictadura de cuatro años del General Gustavo Rojas Pinilla en Colombia. Una época de enfrentamientos partidistas en la ciudad, crecimiento de las guerrillas en las montañas y de aires comunistas en el mundo.
Su abuelo fue conservador y de convicción política. Fue ministro de obras públicas del gobierno de Mariano Ospina Pérez. Su padre fue ingeniero textil, su madre una mujer chapada a la antigua y fue el único hijo hombre entre cuatro hermanas, que no hicieron sino consentirlo.
La rebeldía se empezó a notar desde su adolescencia. Lo echaron del Gimnasio Moderno, uno de los colegios más elitista de Bogotá y terminó el bachillerato en el Juan Ramón Jiménez, un colegio experimental y hippie.
“Es un hijo de su época,” asegura su hija Juliana. “Es un cronista y una crónica viviente” dice Patricia Ariza, amiga de toda la vida Botero y compañera del actual proyecto de paz Colombianos y Colombianas por la paz, quien lo recuerda marchando los 1 de mayo por la carrera séptima, en foros, en debates y en peleas. “Era entonces un mechudo comprometido que hoy sigue pensando igual”. Era la época de las 70s, un momento de bohemia y sobre todo de compromiso político. Muchos estudiantes estaban vinculados a la izquierda en todos sus matices y divisiones.
Antes de cumplir 20 años Botero se habia unido a las juventudes comunistas –Juco-, donde fue militante, periodista, y pelietas. En el año 78, fue arrestado por revoltoso. En una manifestación callejera regó puntillas en una avenida de la ciudad y fue capturado y sentenciado a 180 días de prisión en la cárcel Distrital. Recuerda que le robaron los zapatos, lo raparon y el mundial de fútbol de Argentina lo salvo de morir de tedio.
Cuando salió de la cárcel se fue a vivir con su compañera Daneli Salas con quién en el 79 tuvo a Alejandro y un año más tarde a Juliana. Antes de cinco años ya estaban separados, él quedó a cargo de los niños y Daneli, militante activista, murió en 1985.
Después de estar a cargo de la gaceta de colcultura, y de hacer, junto con compañeros de la Juco, la separata mensual de La voz, el medio del partido comunista, es que Botero viaja a Cuba con sus dos hijos para trabajar.
Cuando se volvió famoso, los de la Juco solían burlarse de su pinta de corbata. “Era el niño play y le decíamos que estaba vestido de lagarto” dice Ana María Fernández, compañera de militancia. “Pero nunca se vendió, siempre ha defendido su posición ideológica”.
En el 2006, después de haber estado silenciado un tiempo a causa de un cáncer en la lengua, que lo dejó sin papilas gustativas, sin la capacidad de producir saliva, con diez kilos menos y una nueva perspectiva de la vida, Botero publicó un libro con una gran develamiento. Clara Rojas, secuestrada por las Farc cuatro años atrás, había dado a luz un hijo en la selva, fruto de una relación con un guerrillero. Lo acusaron de falto de ética, de aprovecharse del morbo nacional y de comercializar con el dolor ajeno.
Lo cierto era que el niño había nacido y el primero que se enterara lo iba a contar. Y gracias a su noticia, el niño fue hallado en un centro de bienestar infantil, donde había estado desde que nació esperando que fuera revelada a su identidad.
Para contrarrestar el peso emocional que significa su trabajo, Botero suele resguardarse en la lectura. Para descansar el espíritu oye boleros y salsa, para recargarlo juega tenis. No goza de tiempo libre y según su hija hace periodismo las 24 horas del día. Juliana recuerda que cuando vivía en Madrid y estallaron las bombas en los trenes el 11 de marzo de 2004 y Botero supo que estaba bien, le sugirió que saliera a tomar imágenes y entrevistar a la gente.
No prende el televisor sino para ver noticias en canales internacionales “A veces pone las cadenas nacionales y antes de diez minutos, está alterado, apaga el televisor y se va”. Entra y sale constantemente de su apartamento ubicado en el centro de Bogotá, colgado del piso 17, que hace las veces de oficina. Escribe sus historias desde un escritorio viejo, de madera maciza, recostado contra una pared llena de recuerdos, una imagen del Che otra de Einstein, una trinchera con dos soldados y un cuadro del libertador…
Por dos años se dedicó a investigar exhaustivamente a alias “Simon Trinidad”, uno de los jefes de las Farc, que cumple condena en los Estados Unidos. En el 2008 publicó su historia en un libro que despertó nuevos señalamientos. Según José Monsalve, crítico de la revista cultural Arcadia, “Más que deficiente, su tarea es excesivamente parcial. Botero es incapaz de tomar distancia de su personaje y reconocer en él algún error humano…”. y D´Artaganan, amigo de infancia de Botero, también periodista y cercano a la derecha, añadió: “Bueno, regular o malo, a Botero hay que leerlo porque, después de todo y así nos duela, las guerrillas forman parte de nuestra identidad como nación”.
Su tercer gran destape sucedió el 1 de febrero de 2009, en el marco de tres liberaciones unilaterales de rehenes de las Farc. “Botero no era el más indicado para ir, pero él se ganó su espacio” dice la senadora Piedad Córdoba, líder de la comisión compuesta por miembros de la Cruz Roja Internacional y Botero y Daniel Samper Pizano, también periodista, como garantes.
De repente, mientras en todos en Colombia esperaban la feliz llegada de los tres soldados y el policía, la cadena venezolana Telesur emitió en vivo una llamada de Botero en directo desde la selva “Una serie de sobrevuelos continuos, perseverantes por mas de dos horas circulares alrededor del sitio donde estábamos por poco dan al traste con la operación de liberaciones de estas personas”.
De inmediato, entre la incertidumbre y la angustia de todos los que esperaban en el aeropuerto, Álvaro Uribe Vélez, el presidente colombiano mas popular de la última década, declaró: “No ha habido ningún tipo de seguimiento por parte de aeronaves. Lamentamos que un miembro de la delegación que debería actuar como garante, el señor Jorge Enrique Botero, rompiendo todos los protocolos también lance sospechas sobre las garantías que esta brindando el gobierno”
Una vez el helicóptero aterrizó, Botero con cámara en mano, aseguró tener pruebas, y al presidente Uribe no le quedó de otra, que decir, con total desparpajo: “Hubo vuelos de la fuerza aérea colombiana”.