

Hace cuarenta años sucedió la masacre estudiantil de Tlatelolco, y hasta hoy no se ha condenado a ninguno de los responsables. El lema de la tragedia es “2 de octubre no se olvida” y sobrevivientes y otros ciudadanos luchan en la actualidad contra la impunidad y por el respeto del derecho a la verdad.
Octubre 2008
2 de Octubre de 1968. Un helicóptero sobrevuela la zona y lanza bengalas verdes. Francotiradores del ejército entran a las viviendas y disparan desde balcones y ventanas a cientos de estudiantes. Al mismo tiempo, unidades de policía se cuelan entre la muchedumbre y disuelven con mano dura el aglomerado de manifestantes. ¿Cuántos murieron? El gobierno estableció una cifra de veinte muertes y centró su atención y la del mundo, en los juegos olímpicos que empezarían en diez días en aquella ciudad de México, Distrito Federal. Sin embargo, hoy, cuarenta años después, las víctimas oscilan entre 200 y 400, los heridos, como los detenidos, se cuentan por miles y no son claros los hechos y sobretodo el paradero de muchos de los implicados.
Pasadas las seis de la tarde, la antigua ciudad mexica de Tlatelolco fue de nuevo el escenario de una masacre, que como la ocurrida con la llegada de los españoles el 13 de agosto de 1521, oprimía a un pueblo que luchaba por libertades y justicia. Esta vez el ambiente estaba alimentado por las manifestaciones estudiantiles ocurridas en el mes de mayo, en Praga y Paris, los ecos de Zapata y Villa, héroes de la revolución y las figuras de Fidel Castro y el Che Guevara. En 1917, con el fin de la revolución mexicana, el gobierno optó por un sistema de monopolio de poder, que para julio del 68 empezaba a sentir la fuerza de la oposición. Diferentes grupos se organizaron para exigir a los mandatarios, el regreso a los valores democráticos. ¿Que pasó con los estudiantes, trabajadores, residentes del barrio, y observadores que no regresaron a sus casas?
Vicente Fox prometió en el 2002, que con el fin de la hegemonía de ochenta y cinco años del PRI, se abrirían investigaciones para esclarecer los hechos de Tlatelolco. El gobierno de aquel entonces había girado la ciudad de espaldas a las víctimas y de frente a los atletas, logrando así, mantener su poder por otros treinta y cuatro años.
La promesa del nuevo gobierno por avanzar en la reconciliación nacional y esclarecer los hechos no se cumplió y el final de su mandato llegó aún sin culpables.
A pesar del esfuerzo mediático por encubrir las acciones del gobierno, para muchos fue evidente y casi obvio que la manifestación de aproximadamente ocho mil personas, convertida en siete horas de disturbios, con francotiradores, ejército, policía e inclusive incendios en los departamentos aledaños, no había terminado con veinte muertes. ¿Cuál era o es la verdad?¿Que pasó realmente ese 2 de Octubre?
Son diferentes las versiones y las cifras que se han manejado en los últimos cuarenta años. La Secretaria de la Gobernación y la embajada de Estados Unidos para México hicieron públicos informes confidenciales de la época y se estableció recientemente una cifra aproximada de 200 a 400 muertes y más de dos mil heridos, pero sus identidades y las de quienes ordenaron la matanza siguen sin esclarecerse.
En el primer año de Fox, la organización para la defensa de los derechos humanos Human Rights Watch -HRW- insistió al gobierno, la creación de una comisión de la verdad, que como las de Chile o Argentina, fortalecieran los mecanismos judiciales existentes y asegurara la total trasparencia de las investigaciones. Sin embargo nunca se materializó y fue creada, en cambio, una Fiscalía especial que fracasó en su intento de encontrar responsables de la conocida “guerra sucia” y fue cerrada en el año 2007 con cero condenas alcanzadas. De acuerdo con José Miguel Vivanco, director ejecutivo de la división de las Américas de HRW y uno de sus investigadores Daniel Wilkinson, “Cientos de víctimas de torturas tuvieron que soportar durante varios años las terribles secuelas sicológicas, mientras sus torturadores gozaban de libertad, sin castigo e incluso recompensados por el Estado. Miles de familiares de desaparecidos sufrieron la angustia de desconocer el paradero de sus seres queridos, mientras se sucedían gobiernos que se negaban a facilitar información que pudiera permitir tener noticias de ellos. La sociedad mexicana fue forzada a aprender la lección sobre los límites de su Estado de derecho: los crímenes más atroces cometidos por funcionarios del gobierno no eran enjuiciables”.
En conclusión son casi nulos los avances que México a logrado en materia de verdad y justicia. En el aniversario número cuarenta de la masacre de Tlatelolco se ponen sobre la mesa de nuevo los valores de la verdad y la reparación. La verdad es un derecho de todas las personas y víctimas de desaparición forzada, genocidio, tortura, crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad. De acuerdo con Amnistía Internacional, el reconocimientos público de la verdad de los hechos es necesario para un verdadero proceso de reconciliación nacional y un avance hacia la justicia. Las falsas versiones deben ser desmentidas y se debe buscar esclarecer el paradero y las identidades de todas las víctimas. “Obtener la verdad sobre los crímenes es vital para que la sociedad afectada conozca las circunstancias y las razones que llevaron a que se perpetraran las violaciones, de modo que se garantice que no se repetirán, y para que se reconozca y preserve la experiencia colectiva de los crímenes sufridos”.
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