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en busca del tiempo olvidado

IRLANDA, La decepción de Europa

El pasado trece de junio, Irlanda rompió las expectativas que los gobiernos de los diferentes estados miembros de la Unión Europea se habían creado para dar un paso más en el proceso de integración.

Por Martha Fernández Sebastián

Septiembre 2008

 

El no de la sociedad irlandesa al Tratado de Lisboa ha sorprendido al resto de sus compañeros europeos y ha supuesto que desde varios sectores, se vuelva a plantear la hipótesis de la existencia de una crisis institucional dentro del seno de la Unión, tal y como ocurrió hace dos años con el rechazo de franceses y holandeses a la constitución europea.

Desde el gobierno irlandés se han dado muestras de decepción ante esta decisión tomada por parte de sus ciudadanos y ante la que el gobierno irlandés no puede permanecer indiferente: “tenemos que discutir sobre este asunto, tenemos muchas consecuencias con esta decisión que muestra un futuro muy incierto que afecta también al resto de nuestros compañeros europeos”, expresó ante la televisión pública irlandesa el primer ministro irlandés Brian Cowen.

Tal y como afirma Cowen, el No Irlandés es un asunto que trasciende las fronteras de la isla y que afecta a un conjunto de veintisiete países que tienen que buscar una solución rápida a esta situación. Quizá lo primero que haya que preguntarse es ¿qué es lo que ha pasado en Irlanda?.Irlanda es un país que desde su entrada en la Unión ha experimentado un crecimiento muy fuerte y ha sido beneficiario de las ayudas europeas, lo que ha provocado que su decisión haya pillado por sorpresa a las autoridades europeas que tienden a culpar a factores internos del país del resultado del referéndum: “Se especula que la razón principal estaría en el hecho de que los electores han usado el referéndum como instrumento de castigo al actual gobierno irlandés, en el contexto de crecientes dificultades económicas”, sostiene el agregado de prensa de la Comisión europea en Madrid Miguel Puente Pattison. El profesor de la Universidad Complutense de Madrid y experto en Unión Europea, José Ángel Sotillo va más allá en su explicación sobre el rechazo que la sociedad irlandesa ha mostrado hacia el Tratado: “la gente de más edad es la que mayoritariamente a votado que si y la gente joven que no, Europa ha hecho bastante por Irlanda en un momento dado y ha sido vendible la idea de la Europa de progreso, de la paz, pero a la gente joven que tiene un horizonte más coyuntural; hay que venderles una imagen de futuro y esa aún no se ha transmitido o no se ha transmitido bien y ha habido un rechazo”.

La opinión procedente de la Comisión Europea es compartida por parte de la sociedad irlandesa, que no solo se sienten poco informados con lo referente a cuestiones europeas si no, que muestran un desanimo preestablecido de antemano hacia cualquier idea que les llegue por parte de sus dirigentes: “Hay mucha desconfianza de la gente hacia el actual gobierno irlandés, creo que eso ha repercutido negativamente en la campaña”, afirma Iain Duncan, un joven irlandés del condado de Wicklow. Esta tesis se ve reforzada por la opinión de los que como Tony Penston, profesor de inglés para extranjeros, piensan que el abismo que separa, a las elites europeas e irlandesas, de sus ciudadanos, ha tenido también mucho que ver en el rechazo al Tratado de Lisboa:“ Ha habido muchas razones para que rechacemos el Tratado, como la fuerte oposición de los pescadores irlandeses y la falta de habilidad por parte de los políticos irlandeses para explicárnoslo bien. No fui a votar porque no creo que vaya a solucionar nada, los ciudadanos corrientes no podemos impedir que los políticos sean cada vez más ricos”.

José Ángel Sotillo es también partidario de la idea de que, entre otras razones, la desafección entre ciudadanía y gobiernos es una de las causas de la crisis por la que ahora están pasando las instituciones europeas: “Todas las cosas referentes a la Unión Europea se hacen desde bastante arriba y van dirigidas a una ciudadanía que realmente no comprende cómo nos gobiernan, de ahí que vivamos cada vez más alejados de una toma de decisiones cercanas a la ciudadanía para la cual se supone que son estos tratados, pero que la mayor parte de la gente, quizá en Irlanda sí, gracias al referéndum, ignora dónde nos hemos metido”.

El gobierno irlandés por su parte, afirma conocer cuáles son algunas de las razones que han podido llevar a sus ciudadanos a decantarse por el no. Tal y como señala el ministro de asuntos exteriores Micheàl Martin: “Las razones que están detrás del voto negativo fueron muchas y muy variadas, está claro que algunos de los miedos provocados por las campañas del No, no tienen bases en el texto del Tratado de Lisboa. Me refiero a asuntos relacionados con la pérdida de la influencia irlandesa en las instituciones de la Unión Europea o la defensa de ciertos asuntos sociales y morales”.

De todos modos, ya sea por desconocimiento de los ciudadanos, desconfianza en su gobierno o la desafección entre ciudadanía y dirigentes, en todos los ámbitos de la Unión Europea están de acuerdo en que han de encontrar una solución a esta situación. Además, no hay que pasar por alto que fue un referéndum que contó con una elevada participación que se situó en un 51%. Esto dificulta los deseos de algunos líderes europeos como el presidente Nicolás Sarkozy, que se empeñan en repetir el referéndum en Irlanda una vez que haya sido ratificado en el resto de países de la Unión, con la esperanza de que la sociedad irlandesa haya cambiado de opinión en unos meses.

Pero la repetición del referéndum no es la única solución al problema que se ha puesto encima de la mesa. Si nos basamos en la experiencia de casos anteriores de aceptación de tratados en el seno de la Unión, como fue el caso de Niza, quizá la idea de repetición del referéndum, sin más, no sea la más acertada. Tal y como explica José Ángel Sotillo lo más acertado es “la renegociación (por parte de los dirigentes) de ciertas partes del Tratado, para satisfacer ciertas demandas y, en este caso, parece que existiendo ese precedente es posible realizarlo. Si vendemos ahora que ha habido mejoras, que se van a preservar ciertas cuestiones irlandesas que el Tratado pone en cuestión, la lección aprendida nos dice que si se volviera a hacer, en este caso si que habría bastantes posibilidades de que el sí hablara”.

Pese a todo esto, desde el Parlamento Europeo se muestran optimistas ante la situación, y confían en encontrar pronto una solución, tal y como afirma Miguel Puente Pattison: “El no de Irlanda ha sido un golpe difícil pero no hay duda de que se superará. La integración europea es un proceso gradual pero que siempre avanza un paso para atrás, dos para delante”. José Ángel Sotillo también se muestra optimista ante la situación y puntualiza que en la historia de la Unión Europea “ ha habido crisis bastante más graves que la que vemos ahora, pero parece que en la Unión hay una varita mágica por la cual cualquier crisis tienen solución más o menos automática”.

Sea como fuere, desde el gobierno irlandés ya han comenzado a estudiar la situación para ofrecer una respuesta de solución ante el resto de países europeos. A principios de otoño será entonces cuando comprobaremos si la “varita mágica” que la Unión Europea emplea, surte efecto ante la ciudadanía irlandesa.

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