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en busca del tiempo olvidado

HURACANES: ¿Quién destruye a quién?

Por Ramiro López Aguirre

Octubre 2008

 

En el poblado holandés de Maasbommel, 37 casas en tierra tienen una particularidad: pueden flotar en caso de inundación. Lo anterior debido a la vulnerabilidad de este lugar impactado por el cambio climático, el aumento de lluvias y otros fenómenos atmosféricos. No todos los países tienen los recursos económicos para crear ‘casas-barcos’, pero si se pretende mitigar los daños causados por huracanes e inundaciones, muchas partes del mundo tendrán que implementar éste y otros recursos en los próximos años.

Casi la mitad de la población mundial está asentada a menos de 200 kilómetros de distancia de la costa, según el World Resources Institute. Ese territorio representa una décima parte del total de la superficie terrestre, lo cual significa que casi el 50 por ciento de seres humanos están en zonas vulnerables y de alto riesgo de inundación o algún otro tipo de daño por el azote de fenómenos meteorológicos.

Si precisamos que gran parte de esta población es de bajos recursos y que eso se descifra como menos capacidad de autoprotección y de recuperación posterior al siniestro, nos localizamos frente a un importante problema. Según el último Informe sobre Desarrollo Humano que emitió el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), “durante el periodo entre 2000 y 2004, y sobre un promedio anual, una de cada 19 personas que viven en el mundo en desarrollo se vio afectada por un desastre climático“.

Es difícil entonces precisar si la destrucción ocasionada por el azote de huracanes se debe a un aumento en la fuerza de los mismos o a que las poblaciones costeras son más numerosas y, por ende, los fenómenos climáticos encuentran más qué destruir.

Al respecto existe un áspero debate entre los científicos de todo el mundo en relación a la intensidad y frecuencia con que han venido ocurriendo este tipo de fenómenos. Unos aseguran que el cambio climático provocado por el hombre debido a la erosión del medio ambiente y la contaminación planetaria, así como la excesiva expedición de gases invernaderos, ha provocado un paulatino incremento en la formación de tifones y huracanes. Por otro lado, hay otro sector convencido de que no hay una relación aparente e incluso, hay quienes afirman que en el futuro se reducirá el número de fenómenos atmosféricos.

Un ejemplo de lo anterior son las declaraciones de Pablo Cotarelo, integrante de la confederación de grupos medioambientales denominada ‘Ecologistas en Acción‘, quien asegura que “la frecuencia y la intensidad de los fenómenos extremos, como huracanes, se ha incrementado considerablemente en los últimos tiempos. Por ejemplo, en las últimas décadas se han cuadruplicado los daños económicos en América del Norte por estos fenómenos“.

Caso contrario a los estudios que realizaron científicos de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA por sus siglas en inglés). Tom Knutson, jefe del proyecto de investigación, aseguró que no encontraron indicios de que existan grandes incrementos en la frecuencia de tormentas tropicales provocadas por gases de efecto invernadero. De hecho, asegura que "Por el contrario, vemos una reducción en la frecuencia de los huracanes en el Atlántico".

Dicho estudio fue criticado por científicos del Centro Nacional de Investigación Atmosférica, en Boulder, Colorado, quienes afirmaron en su publicación Philosophical Transactions of the Royal Society que no había sustento científico en las aportaciones de la NOAA. En los estudios que realizaron en Colorado, concluyeron que el incremento de huracanes no se debe a alteraciones naturales, por lo que lo atribuyen a la elevación de la temperatura en los océanos provocada por el hombre.

 

Vida en riesgo

 

Los huracanes en términos generales deben ser vistos como una parte importante del sistema de circulación atmosférica, ya que ayudan a proveer de lluvia a zonas céntricas, las cuales de otro modo no podrían tener un buen desarrollo de actividades económicas primarias. Son fuertes movimientos de masas de aire que se forman debido a las corrientes de viento y la temperatura de los océanos y el aire. Sin ellos, la vida en muchas zonas del interior de los continentes sería inexistente.

La última década se ha caracterizado por sus altas temperaturas. De hecho, y según la Organización Meteorológica Mundial, todos los años del presente siglo, oscilan entre los 10 más calurosos del periodo de observación, es decir, desde 1850 hasta nuestros días.

En relación con lo anterior, las estadísticas indican que existe un incremento progresivo en el número de huracanes y en las pérdidas materiales que generan. De 1966 a 2006, hubo un promedio de 15.2 huracanes en el Océano Pacífico y 10.9 en el Océano Atlántico. Dicha media se ha incrementado debido a los fenómenos producidos en el último lustro, siendo el 2005 el año con mayor número de ellos, con un total de 27. Para este 2008 se han pronosticado 15 fenómenos por cada Océano, seis de ellos huracanes intensos.

Miles de millones de personas estarán expuestas durante este año a esos seis huracanes. La vulnerabilidad se incrementa luego de que hay mil millones de personas que viven en asentamientos informales según ONU-Hábitat. De continuar la misma tendencia, para el año 2020 esta cifra se habrá duplicado, lo cual se deberá entender como que uno de cada tres habitantes urbanos vivirán en áreas de riesgo, la mayoría de ellos en zonas costeras.

 

Cómo actuar

 

Como lo retrata el caso del poblado Maasbommel, los países desarrollados han empezado a implementar medidas para mitigar los daños causados por fenómenos atmosféricos y ya han previsto acciones para dificultades que enfrentarán dentro de varios años.

Sin embargo, los problemas más inmediatos y agudos no los sufrirán estas naciones, sino los países en desarrollo que no tienen, en la mayoría de los casos, suficientes recursos económicos para invertirlos en infraestructura y reubicación de la población.

El presupuesto de Francia para la recopilación y análisis de datos meteorológicos supera al gasto por el mismo concepto de toda África Subsahariana. Es decir, según el PNUD, Francia gasta anualmente 388 millones de dólares, mientras Malawi tuvo un presupuesto, en 2005, de menos de un millón de dólares.

La inversión no garantiza, sin embargo, la solución del problema. Hay acciones que son irreversibles como la destrucción de manglares y de arrecifes de coral. Los gobiernos de los países que año con año son azotados por tifones y huracanes “deben realizar labores de gestión de la lucha contra los huracanes, además de llevar a cabo una drástica reducción de la emisión de gases de efecto invernadero que causan el cambio climático”, asegura Pablo Cotarelo.

Una de las acciones que sí parece ayudar en forma considerable, es la prevención y alerta temprana. En 2004, el huracán Jeanne golpeó Haití y la República Dominicana. En el último país sólo hubo 11 víctimas, mientras que en el primero, la cifra aumentó a alrededor de 600, informó el Centro de Noticias de la ONU. Esta relación no tuvo que ver con la intensidad del huracán, sino con la cantidad de fuerza de la defensa civil y la capacidad de reacción del gobierno dominicano.

Sin embargo, un ejemplo de que se puede hacer una buena planeación sin necesidad de tantos recursos económicos, se puede observar en el huracán Wilma que azotó el Golfo de México en 2005. En Cuba se evacuaron 640 mil personas, lo que significó sólo una víctima mortal. Mientras que en México y Estados Unidos se presentaron ocho y 35 decesos respectivamente, según datos del periódico mexicano Reforma.

La relación entre los daños materiales y humanos y el incremento en intensidad de los tifones y huracanes seguramente seguirá en debate. En lo que parece que todo mundo concuerda es en que se deben redoblar esfuerzos para que se reduzcan las cifras del primer rubro. Las acciones y consecuencias se ven cada vez más cerca.

 

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La temporada de huracanes se desarrolla de mayo a noviembre. Inicia oficialmente el 1º de junio en el Atlántico y el 15 de mayo en el Pacífico.

CATEGORÍA DE LOS HURACANES:

DEPRESIÓN TR
Vientos de hasta 63 KM/hora; se designa como tal cuando aparece una baja presión y hay circulación de viento en el centro del grupo de tormentas.

TORMENTA TROPICAL
Vientos de entre 64 a 117 KM/hora. Se le asigna un nombre.

HURACÁN
Hay cinco categorías según su intensidad.
1= Vientos de entre 118 y 153 KM/hora
2= Vientos de entre 154 y 177 KM/hora
3= Vientos de entre 178 y 209 KM/hora
4= Vientos de entre 210 y 249 KM/hora
5= Vientos de más de 249 KM/hora

Según el PNUD las personas que enfrentan peligros relacionados con el clima son:
344 mil millones expuestas a ciclones tropicales.
521 mil millones expuestas a inundaciones.
130 mil millones expuestas a sequías.
2,3 millones expuestas a deslizamientos de tierra.

 

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