

En un rincón del Mediterráneo, en la pequeña isla de Chipre, se desarrolla los últimos meses una notable actividad diplomática. Fruto de esta actividad, el acuerdo entre el presidente de Chipre, Dimitris Cristofias y el líder de los turcochipriotas, Mehmet Ali Talat para el inicio el 3 de septiembre de nuevas negociaciones sobre la reunificación de la isla.
Agosto 2008
El pasado 20 de julio se cumplieron 34 años desde el día que el ejército turco invadió Chipre ocupando el 33% del territorio de la isla. Chipre, que había dejado de ser una colonia británica en 1960, permanece desde 1974 un Estado dividido. “El último muro de Europa”, la “vergüenza europea”, algunas de las caracterizaciones que ha cobrado la isla; pero solución ninguna, en un país que desde 2004 forma parte de la Unión Europea. Al contrario, frecuentes las disputas entre Grecia y Turquía sobre quién tiene la culpa de la división que obstaculiza no sólo la vida diaria del conjunto de los chipriotas sino también el desarrollo del país. Las dos comunidades de la isla, la mayoritaria grecochipriota y la turcochipriota convivían hasta que un golpe de Estado, apoyado por la entonces dictadura griega que pretendía la unión de Chipre con Grecia, provocó la invasión de Turquía. En 1983 la parte norte, la parte ocupada, se autoproclama “República Turca del Norte de Chipre”, un Estado de facto, reconocido solamente por Turquía.
El cenit de las negociaciones para la reunificación se produjo en 2004, poco antes de la entrada de Chipre en la UE, cuando se consideró que un ambicioso plan de la ONU, conocido como “plan Annan”, podría ser aceptado por ambas comunidades. El clima era propicio para una solución debido a las presiones internacionales para que Chipre entrara en la UE como un Estado reunificado. Sin embargo, en los referendos organizados el plan fue rechazado por los grecochipriotas, aunque aprobado por los turcochipriotas. Desde entonces la comunidad internacional ha prestado poca atención a Chipre, considerándola culpable de no haber aprovechado aquella oportunidad.
¿Hay hoy posibilidades para acabar con la división de la isla? La llegada al poder de un nuevo presidente en febrero de 2008, del moderado Dimitris Cristofias ha reanimado las esperanzas. A diferencia de su antecesor, Tasos Papadopoulos, un personaje que había dominado la vida política de Chipre durante muchos años y responsable en gran medida de una fuerte campaña para que los grecochipriotas rechazaran el plan de 2004, Cristofias parece dispuesto a poner fin a la división de la isla, como muestran sus recientes declaraciones: “Para nosotros existe solamente un camino: el camino que conduce, a pesar de los obstáculos y las circunstancias adversas, al fin de la ocupación y a la reunificación de nuestro país. Esto sólo se puede conseguir con una solución que implique una federación de dos comunidades. Todas las demás opciones, por muy buenas y heroicas que parezcan sólo contribuyen a la división permanente. (…) Chipre no puede suponer ni un segundo Estado griego en el Mediterráneo, ni una extensión de Turquía; será el Estado común de los grecochipriotas y los turcochipriotas”.
Cristofias no se ha limitado en palabras; sus frecuentes reuniones, desde que asumió el poder, con el líder de los turcochipriotas, Mehmet Ali Talat, han conducido a la promesa del inicio de nuevas negociaciones en septiembre para llegar a una solución basada en las resoluciones de la ONU: reunificación de la isla sobre la base de una federación de dos comunidades con igualdad política, presidencia rotativa y una sola personalidad internacional de la isla. Como muestra de buena voluntad, la apertura en abril de la calle Lidra, un paso en Nicosia, la capital dividida de Chipre, que permite la comunicación física entre las dos comunidades. Un acontecimiento de gran importancia simbólica ya que la calle había permanecido cerrada durante 45 años. “Es el primer paso”, apunta la alcaldesa de Nicosia, Eleni Mavrou, “esperemos que sigan muchos más”. De la parte turcochipriota, el jefe del equipo de negociadores de Talat, Ozdil Nami, caracterizó el suceso “histórico; somos testigos del derrumbamiento de uno de los obstáculos a una solución”.
Al mismo tiempo, se han establecido y se han puesto ya a trabajar equipos y comités técnicos bajo el auspicio de las Naciones Unidas; su trabajo será complementario a las reuniones entre los dos líderes y se centrará en una serie de problemas prácticos, como cuestiones económicas, comerciales y medioambientales, patrimonio cultural, gestión de crisis etc.
El líder turcochipriota, Mehmet Ali Talat, en el poder desde 2005, también se diferencia de su antecesor, Rauf Denktash, reacio a cualquier solución que implicara la reunificación de la isla. De nuevo Ozdil Nami se muestra optimista: “Dejando de lado la amistad entre Talat y Cristofias, es obvio que por primera vez los líderes de las dos comunidades comparten una visión común y están determinados a colaborar”.
La buena relación entre los dos líderes y los avances alcanzados en tan sólo cinco meses -después de cuatro años de estancamiento diplomático- son las principales razones que permiten la esperanza de que quizás esta vez se logre la tan deseada reunificación. Según un diplomático europeo, “si ellos dos no son capaces de lograr la paz, entonces nadie lo es”.
Turquía, actor clave para una solución, a pesar de haberse mostrado en muchas ocasiones reacia a promover cualquier cambio del actual status quo, parece haber comprendido que sus aspiraciones para una futura adhesión a la UE pasan entre otras cosas por la solución de la cuestión chipriota. Chipre, como miembro de la UE puede ejercer su derecho a veto contra la candidatura turca.
Grecia y los grecochipriotas desean una solución lo antes posible - aunque no bajo cualesquiera condiciones, como mostró el rechazo al plan Annan. No obstante, el reciente ejemplo de Kosovo ha despertado miedos a que el Estado de facto presione para el reconocimiento internacional si no se logra pronto la reunificación. Este escenario sería el peor posible ya que legitimaría y eternizaría la división de la isla.
El Reino Unido, los EEUU y la ONU se han apresurado a dar también su apoyo a las nuevas negociaciones y a expresar su deseo de que “pronto se alcance una solución aceptada por todas las partes, la cual garantice los intereses y los derechos de los grecochipriotas y de los turcochipriotas”, en palabras de Taye-Brook Zerihoun, jefe de la misión de la ONU en Chipre.
Sin embargo, no todos comparten los sentimientos de euforia a raíz de los recientes acontecimientos; según Nikolas Makridis, grecochipriota y habitante de Nicosia, “lo que hacen los griegos es perdonar de este modo la ocupación turca”. Konstantinos Koudounas, otro grecochipriota, añade que “iniciativas como la apertura de la calle Lidra no significan nada. Lo único que logran es distraer la opinión pública en Chipre y en el extranjero de la verdadera razón de la división de Chipre: la presencia de las tropas turcas en el norte del país”.
Dichos sentimientos, afectados por décadas de enemistad y hostilidades entre las dos comunidades son la prueba de que el camino hacia la reunificación será difícil. Los problemas de hecho no son pocos; sobre todo la presencia de 35.000 soldados turcos en la isla, los crecientes asentamientos turcos y la imposibilidad de retorno de todos los desplazados grecochipriotas a sus hogares. Sin embargo, la reunificación parece ser el deseo profundo de la mayoría de los 855.000 chipriotas. La elección de Cristofias como presidente por un lado, y el “sí” de los turcochipriotas en el referéndum de 2004 por otro, demuestran que los chipriotas apuestan por una solución y que los líderes dispuestos a trabajar a esta dirección pueden contar con el apoyo de sus pueblos.
De nuevo los líderes de las dos comunidades se encuentran ante una oportunidad, tal vez la última para Chipre; falta por ver si sabrán aprovecharla. Quizás el mejor augurio: cuando, antes del primer encuentro con Talat, preguntan al presidente Cristofias si va a tomar café turco o café griego, él responde: “Café chipriota, los dos tomaremos café chipriota”.
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