

Las realidades de los pobladores que habitan en los límites entre Ecuador y Colombia son heterogéneas y desde la implementación del plan Colombia se han visto obligadas a una continua transformación.La línea de frontera entre estos dos países se dibuja claramente sobre la cartografía oficial, pero se vuelve difusa sobre el territorio.
Octubre 2008
Si bien el concepto de frontera puede ser entendido como el límite de la soberanía de un estado y tal es popular en discursos de política exterior y exigido a y por todos los países, se queda ambiguo para interpretar las dinámicas de estas tierras colindantes.
La frontera entre el Ecuador y Colombia, que llamó el interés nacional a causa de la implementación del Plan Colombia y más recientemente con la muerte de Raúl Reyes, es una zona de selva densa, ríos, y poblaciones. Por su desconocimiento y su complejidad es comparable a un hoyo negro que recoge múltiples elementos como indígenas, campesinos, militares, paramilitares, guerrilleros, coca, petróleo, materia prima para biocarburantes, pero que al final poco se conoce de ellos y su naturaleza. Según Roque Espinosa, coordinador del estudio “Las fronteras con Colombia” de la Universidad Andina Simón Bolívar del Ecuador “La frontera ha sido redescubierta porque el discurso la ha evidenciado y por que sus portadores, a nivel local, nacional, internacional han imaginado una problemática económica, social, política, que se ha impuesto a la realidad o, si se prefiere a las realidades de esta región”.
El Carchi, Esmeraldas, Sucumbíos, las tres provincias ecuatorianas colindantes con Colombia, se han involucrado en el conflicto y se han desvinculado de los habitantes del otro lado, con los que antes comerciaban, cultivaban e inclusive formaban familia. En estas poblaciones de frontera, colombianas como ecuatorianas, el conflicto armado ha tenido un efecto de precariedad. La amenaza de violencia, los controles de seguridad y los efectos nocivos de las fumigaciones, han redefinido las relaciones y las realidades, desde hace varios años. Según el informe de la Comisión Internacional de Verificación de la Frontera de Ecuador y Colombia (2005), en adelante –CIF-, el flujo migratorio de colombianos ha agudizado la pobreza, elevado los niveles de delincuencia; con las fumigaciones el suelo ha perdido capacidad productiva y las pérdidas de ganado, caballos y otros animales han afectado los niveles de desnutrición, y lo peor, se han registrado muertes y problemas de salud a nivel cutáneo, respiratorio y digestivo, asociados al fuerte efecto del herbicida Round-Up.
Con el Plan Colombia se sumó un elemento más al hoyo: el glifosato. El paquete herbicida erradicador de cultivos de coca que está compuesto por POEA, Cosmo flux 411F y glifosato es una amenaza de amplio espectro, lo que quiere decir que afecta también a cultivos no objetivo. Es vendido bajo el nombre de “Round-Up” y producido por el grupo “Monsanto” de Saint Louis, en el estado de Missouri, en los Estados Unidos.
Irritaciones dérmicas, oculares, problemas respiratorios, edema pulmonar, dolor abdominal, problemas gastrointestinales, cáncer, daños en hígado y riñones son algunas de los efectos del contacto con el herbicida, que arrojó el estudio realizado por la Comisión Científica Ecuatoriana en el 2005. Nancy Sánchez, trabajadora del Departamento Administrativo de Salud del Putumayo, afirmó que se registran en la zona casos de intoxicación, ronchas, irritación de los ojos, diarrea, vómito, dolores de cabeza e irritaciones cutáneas.
Ya en el 2002 un grupo de investigadores de la Universidad de Caen en Francia, liderado por Gilles-Eric Séralini investigó sobre los efectos del herbicida en los seres humanos, especialmente en el sistema de reproducción y logró comprobar, que el glifosato era tóxico para las células de placenta humana y aquellos expuestos al químico tienen casi el doble de riesgo de sufrir abortos involuntarios. Fue evidente, además, que la mezcla de Round-up, es por lo menos dos veces más tóxica, que el componente activo de glifosato solo.
Aquellos resultados coincidieron con los arrojados en el 2005, por investigadores de la Universidad Nacional de Colombia y el Instituto de Estudios Ambientales (IDEA). El grupo encabezado por Tomás León Sicard reconoció el carácter nocivo del glifosato sobre suelos, agua, seres vivos y puso en evidencia la falta de rigurosidad del informe realizado, meses atrás, por la Comisión Interamericana para el Control de Abuso de Drogas -CICAD-, división de la Organización de Estados Americanos –OEA-, que defendía la no existencia de efectos negativos del Round-up, sobre organismos no objetivo.
Lo que también contradijo las afirmaciones hechas en el 2003, por el entonces embajador de Estados Unidos en Colombia, William Wood. En el artículo “Los agroquímicos más dañinos que el glifosato” publicado el 26 de noviembre, en el periódico El Tiempo, habló sobre el carácter no nocivo del herbicida en el medio ambiente y los seres humanos. Según Wood, el Round-Up entra al suelo en forma totalmente inerte, solo afectando a la planta en forma activa, y el veneno es conducido por un sistema de circulatorio interno, que evita que las raíces y las plantas cercanas se contaminen. Sin especificarlos, hizo referencia a estudios científicos independientes que sustentaban su tesis y citó finalmente, a Camilo Uribe Granja, un médico toxicólogo, que dice usar glifosato en el jardín de su casa en Washington.
Finalmente, Jeremy Bigwood, científico investigador norteamericano, realizo un estudio del glifosato, para el Ministerio del Ambiente del Ecuador. Concluyó que este era dañino para las tierras no objetivo y altamente toxico para toda vida acuática. Los suelos no cultivables y las aguas contaminadas estropean la salud y la cadena alimenticia de hombres y animales. Además desde el punto de vista ecológico, es entendida como una amenaza para los “hotspots” o espacios más sensibles de biodiversidad, en los que se encuentran los bosques húmedos tropicales del Putumayo. Añadió, que el llamado agente naranja, utilizado por el ejército americano en la guerra de Vietnam, también altamente tóxico y responsable de úlceras gástricas, alteraciones del sistema inmunitario, daños hepáticos, lesiones vasculares, deformaciones de fetos, problemas neurológicos y de desarrollo, problemas en la función reproductiva, y endometriosis, fue producido igualmente por Monsanto.
Las realidades trasfronterizas, así como las locales se han modificado y lo siguen haciendo dentro del marco del ahora llamado Plan Patriota y el conflicto armado colombiano. La puesta en marcha del Plan Colombia dio lugar a ana militarización de la zona, que ha llegado incluso hasta tierras ecuatorianas. Según los datos recogidos por el CIF, entre enero del 2001 y marzo del 2005, se produjeron más de diez pasos de frontera en misiones antiguerrilla o de fumigación. Lo más destacados son el ocurrido entre abril y mayo del 2002, en Puerto Nuevo, en el que el ejército colombiano disparó sobre el río, obligando a botes y pobladores a resguardarse y el de septiembre del mismo año, cuando las avionetas de fumigación sobrepasaron 7 kilómetros en Ecuador, volando sobre una escuela de niños. A estos, se suma el ocurrido el primero de Marzo de 2008, cuando el campamento de Raúl Reyes, ubicado en la población de Angostura, fue abatido por fuerzas aéreas y terrestres del ejército colombiano.
La situación de los ríos es similar. De acuerdo al articulo “Así es el cerco a las FARC” publicado el 18 de marzo del 2008 por Ana María Saavedra, enviada especial del diario El País; en el Río Putumayo comandan la nodriza y sus cuatro pirañas. La nodriza, un tanque de guerra flotante, viaja a 18 kilómetros por hora, pero equipada con cuatro ametralladoras M-60, tres punto 50 y un lanzagranadas. Las cuatro acompañantes son más rápidas, y están dotadas con una ametralladora punto 50 en la parte delantera y dos más M-60.
A nivel social, la migración tanto interna como trasfronteriza, ha ejercido presión sobre los sistemas de salud y educación, que siendo muy frágiles, dejan cada año a muchas familias, locales y migrantes, sin acceso a servicios básicos. Los espacios de trabajo, como el cultivo de palma en Sucumbíos, han sido ocupados por desplazados sin documentos, que reciben malas condiciones laborales. Y esa misma falta de oportunidades, aumentó entonces las actividades ilegales como la delincuencia y la prostitución.
En el sector educativo, el informe del CIR, expuso que en Sucumbíos se produjo el cierre de trece escuelas, una alta deserción escolar y tras el asesinato del maestro Walter Sosa y su esposa embarazada, que acusados de guerrilleros, fueron transportados a Colombia y cortados con motosierra; una disminución del cuerpo profesional, que por miedo a su seguridad, se niega a trabajar en la zona.
De todas, las consecuencias las de la salud son, sin duda, las más graves. Según datos del CIR, los niveles de desnutrición se han elevado como consecuencia de la improductividad de las tierras y el ganado. Las fumigaciones afectan los cultivos de ciclo corto y la calidad de la tierra disminuye, al punto que, años después de las primeras fumigaciones, no se puede producir la misma cantidad de plátanos, guineos, yucas o hierbas aromáticas. En el ganado, gallinas y cerdos, se registraron grandes mortalidades e inclusive malformaciones y abortos. A nivel tóxico, los investigadores adviertieron que las consecuencias más graves pueden ser visibles a largo plazo, pero durante el tiempo mismo de las fumigaciones la población sufre de problemas respiratorios, oculares, digestivos y cutáneos. En Sucumbíos, por ejemplo, se reportaron doce muertes, y en Yamuro, cinco malformaciones congénitas asociadas a fumigaciones previas, y un aumento de abortos y nacimientos prematuros.
Las contradicciones entre las políticas y las realidades del Putumayo hacen que los problemas económicos, sociales y de salud, difícilmente lleguen a resolverse en el corto, o mediano plazo. Mientras no se concluya un verdadero proyecto de nación y las oportunidades económicas de sus pobladores continúen siendo tan limitadas, la producción de coca seguirá representando la principal o única forma de ingresos y las fumigaciones no harán sino renacer nuevos campos lejanos que sigan nutriendo el conflicto.
Por ello, es necesario identificar quienes trabajan por la no perpetuación de la violencia, a través de la generación de mejores condiciones en la agricultura. Existen actualmente organizaciones que proponen reemplazar los cultivos ilícitos, por otros productos que sean sostenibles para el comercio y el abastecimiento. La Red de Acción en Plaguicidas y sus alternativas para América Latina (RAP-Al) “Fomenta alternativas viables para el desarrollo de una agricultura, socialmente justa, ecológicamente sustentable y económicamente viable, que permita alcanzar la soberanía alimentaria de los pueblos. Asimismo objeta los cultivos transgénicos porque atentan contra la salud y la diversidad biológica”.
RAP-Al desarrolla informes sobre situaciones medioambientales relacionadas a la agricultura y propone métodos orgánicos en respuesta. Reconoce que no sólo el glifosato, sino la mayoría de herbicidas y pesticidas utilizados para erradicar plagas o cultivos ilícitos, son dañinos para el ser humano, otros organismos y el medio ambiente, y plantea el uso de plantas y materia orgánica, que sirvan para preservar y aumentar la calidad de los suelos. Además, reitera la necesidad de la acción de los gobiernos, como impulsadores de políticas que permitan la sostenibilidad, proporcionen la posibilidad de trasporte y comercialización de productos y eviten las fumigaciones.
Con objetivos similares trabaja el Fondo Nacional de Desarrollo agrícola (FIDA), que apoyó con 15 millones de dólares, al Programa de Oportunidades Rurales del Ministerio de Agricultura de Colombia, y desarrolla actualmente nuevas estrategias con el gobierno nacional. El mes de abril de 2008 abrió sus oficinas en Bogotá con el objetivo de desarrollar proyectos agrícolas en las zonas más pobres de Colombia, Bolivia y Perú. Para ello fomenta procesos de identidad rural, impulsa a la creación de microempresas y a la inversión de capital por parte de empresas privadas.
En conclusión, como son de heterogéneas las realidades de los pobladores, así mismo lo son las soluciones a su problemática. Los campesinos e indígenas colombianos y ecuatorianos, los militares, los guerrilleros y los paramilitares se enfrentan en una batalla por sobrevivir, en medio de la coca, el Round-Up, el petróleo, la palma, los ríos y la selva. No se conoce cuanto más dure este conflicto, ni como va a solucionarse, pero la experiencia y la historia si han hecho saber, que las soluciones que no se empapen de todas estas realidades y entiendan la crisis desde sus raíces sociales, no pondrán verdadero fin a los problemas.
Puede que las peores consecuencias de las fumigaciones aún no sean visibles. Las transformaciones en estas tierras colindantes traerán para las próximas generaciones otras realidades, quizas más lejos de la coca, pero en medio de los tóxicos, talvez la selva del Putumayo ya no sea el hotspot que fue, y la línea con Ecuador sea una línea impenetrable.
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