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No es una cuestión de feminismo decir que las mujeres son el género más fuerte. Hay que reconocer que para preservar la especie se necesitan decenas de mujeres pero solo a un hombre, y que una vez cumplida la fecundación el macho es casi innecesario y un recién nacido podría sobrevivir sin su papá.
Pero este panorama “cruel” para el hombre, implica oscuras consecuencias para las mujeres en la posmodernidad. Lo que en la época de las cavernas era la fuerza femenina más natural y que permitía la renovación generacional perfecta, hoy y en Colombia, esto no es otra cosa que desigualdad, abandono y machismo.
En el Chocó, un departamento olvidado, donde la pobreza aumentó a un 62.2% y la miseria ya alcanza un índice del 23%, hay cincuenta abortos semanales en los nueve meses siguientes a las fiestas y carnavales de San Francisco. El tamaño promedio de una familia de la región es de siete hijos por madre y la mortalidad materna es la peor del país con cuatrocientos casos por cada cien mil nacidos vivos.
Cada hombre preserva su especie con varias mujeres y al final incluso niñas menores de edad terminan en el hospital del puerto que tiene veintiséis camas repartidas en la sala de partos, la de gineco-obstetricia y la séptica. Ellas terminan, como en las épocas más remotas, responsables solas de la crianza, la alimentación y la educación de su hijo en un lugar donde el estado ni la seguridad social existen y encambio son zona de disputa de paramilitares y guerrilleros.
Allí, donde cerca del 30% de las mujeres son madres cabeza de familia, el 79% de la población carece de alguna de las necesidades básicas y la tasa de analfabetismo es del doble del promedio colombiano. ¿Cómo celebran el 8 de marzo, día internacional de la mujer, en el Chocó?

